Una guerra menos

- Publicidad -

Era uno de esos días que no te alcanzan para nada.  Estaba con las niñas preparando la cena, en ese momento entró Mario y le dije: “Amor, tengo una reunión de trabajo. Necesito que te encargues de las niñas. Debo estar conectada a las 7:00 p.m.”. 

“Voy a ver si puedo hacerte el favor”,

respondió él.

¿Hacerme el favor? Lo miré con una bomba atómica, a punto de explotar en mi rostro. No podía creer que me diera esa respuesta. Realmente, no necesitaba un favor. ¡Necesitaba que se hiciera cargo! Sara necesita ayuda con Matemáticas, y Valeria debe leer un cuento.

“¿Crees que a las 7:00 de la noche es hora para hacer tareas?”,  

cuestionó.

“¡Mario, por Dios! Salen a las 4:00 p.m. del colegio, y luego tienen clase de ballet. Cuando tú llegaste, nosotras acabábamos de entrar”, le expliqué. 

“Carlos me invitó a ver el partido a su casa. De verdad, no creo que pueda”, .

dijo
- Publicidad -

“¿Pero qué dices? Me desperté desde las 5:00 a.m. a hacer ejercicio, lavé la ropa, hice el desayuno, llevé las niñas al colegio, entregué los informes de ventas y atendí un par de reuniones”.

“Por lo menos tú tienes tiempo para hacer ejercicio. A mí me ponen problema hasta para verlo por televisión”,

respondió levantando la ceja.

Las niñas se sentaron en la barra de la cocina y Valeria me miraba mientras comía. Esperaban la reacción de quien siempre les ha hablado de controlar sus emociones, pero… ¿Estaba lista para una guerra?

No. Las guerras solo dejan dolor y tristeza.

“Será una noche de película”, les dije; tenemos justo el tiempo para poner a hacer las crispetas. “Eres la mejor mamá del mundo”, dijo Sara.

- Publicidad -

Mario fue a casa de Carlos y las niñas vieron Encanto. Mi reunión de trabajo fue un éxito. “No pudo ser mejor ¿o si?”, me pregunté.

Con lo anterior, les compartí algo que escribí para una clase de técnica narrativa en un curso de escritura que realicé. ¿Qué pensarían ustedes de esta historia? ¿Será que esta madre y esposa tomó la decisión correcta? ¿Será que hubiera tenido un mejor final si hubiera luchado por sacar adelante su punto?

Todas las columnas de Ana María Portillo léelas aquí >>

Vivimos en un mundo que nos exige tomar partido, luchar por nuestras metas y dar lo mejor de nosotros en los muchos roles que desempeñamos cada día. Y esto no aplica solo para mí o para las mujeres. En general el ser humano es cada vez más exigente consigo mismo y con su entorno. Vivimos en una lucha constante en nuestro trabajo, nuestra familia y nuestro círculo social. No está mal trabajar en nuestra mejor versión, pero el trabajo cuando se hace con conciencia fluye de manera natural, la lucha en cambio va a contraflujo, cuesta, desgasta, y aunque es válida, porque en algunos casos hay que luchar para lograr los objetivos, se vale echar mano de los aceites de la felicidad para seguir adelante: Aceite la loca, Aceite la sorda y Aceite la muda, que aunque suena un poco cómico, en muchas ocasiones son la clave del éxito en las relaciones personales, laborales y familiares.

Debemos identificar cuáles son esas luchas que vale la pena tener, cuáles son realmente necesarias y cuáles temas, en cambio, podemos trabajar sin tantas confrontaciones. Creo que si logramos identificar ese aspecto de nuestra vida en el que realmente es necesaria una lucha, podemos enfocarnos y tener mejores resultados. 

Únase aquí a nuestro canal de WhatsApp y reciba toda la información de El Poblado y Medellín >>

- Publicidad -

No es fácil hacer esta identificación, en muchas ocasiones la presión social nos impone. Luchas que ni siquiera queremos tener. Es por eso que los invito a que analicen si realmente tienen temas por los que valga la pena luchar, y que renuncien a las guerras innecesarias para que sean más felices y enfoquen sus esfuerzos en lo que realmente vale la pena.

- Publicidad -

Más notas

- Publicidad -

Más noticias

- Publicidad -