Colombia vuelve a enfrentarse a uno de esos momentos en los que no basta con opinar desde la comodidad de una conversación o desde la inmediatez de las redes sociales; llegó la hora de decidir, y decidir por Colombia es decidir por el futuro de todos. Es, quizás, la elección más importante de nuestra historia reciente.
Por eso hay que salir a votar, masivamente, con responsabilidad y con criterio, pero también con la enorme conciencia de que cada voto termina siendo una declaración de principios sobre el país que soñamos y el país que estamos dispuestos a construir.
No es momento para la indiferencia, tampoco para el cálculo frío de las tendencias o para seguir la corriente. Aquí no debería aplicar el viejo dicho de que “Vicente va para donde va la gente”; aquí deben imponerse el criterio, la reflexión y la convicción.
Colombia necesita menos miedo y más confianza en sí misma, menos rabia y más sensatez, menos gritos y más capacidad de escucharnos. El país no aguanta más divisiones entre buenos y malos, entre unos y otros, entre quienes piensan distinto.
Colombia necesita volver a reconocerse como una nación en la que cabemos todos. Los que votan distinto, los que sueñan distinto, los que tienen preocupaciones distintas; porque al final compartimos el mismo país, las mismas calles, los mismos retos y, sobre todo, el mismo futuro.
Por eso el voto no puede ser un acto de odio ni de revancha, debe ser un acto de esperanza, una apuesta por el desarrollo, por la estabilidad social y económica, por la institucionalidad y por la posibilidad de construir un país que avance sin destruirse a sí mismo en cada elección.
También llegó la hora de hablar con los nuestros, de animar a votar a familiares, amigos, empleados y compañeros; de crear pequeñas coaliciones virtuosas alrededor del voto consciente y juicioso, no para imponer pensamientos, sino para promover participación, responsabilidad y compromiso democrático.
Porque cuidar el país también significa cuidar la esperanza, y no podemos llegar a las urnas derrotados de antemano, convencidos de que todo está decidido o de que las encuestas ya resolvieron el futuro. Las elecciones siguen siendo el momento en que los ciudadanos tienen el poder de cambiar la historia. Incluso las mismas encuestadoras lo dicen: la foto puede cambiar el día de las elecciones. Claro que puede cambiar.
Mientras exista el voto libre, informado y consciente, siempre habrá posibilidad de construir un mejor rumbo. Ese es el verdadero poder de la democracia y esa es, justamente, la enorme responsabilidad que hoy tenemos todos los colombianos.





