Si pudiera tan solo verte una vez más si pudiera agarrarte de la mano y que me llevaras a recorrer la vida que vos solo pudiste vivir.
Vamos por un mes de tu muerte, de verte desgastarte lentamente por un bendito cáncer, ay viejo. Sí. Bendito cáncer, que nos dió la oportunidad de creer más de lo que quisiéramos ver, más de lo que en algún momento estuvimos de acuerdo. Me permitió verte una vez más, vulnerable, humano, visionario. Tal vez muy cansado, pero ahí te ví.Y hoy tengo el privilegio de verte a diario en cada colibrí que encuentra el camino a mi cuarto.
Te veo en cada esquina, te escucho diciendo todo lo que alguna vez quisiste repetirme y que no fui capaz de entender, hasta el cansancio me dirigiste la mirada y tal vez hasta el precursor del alma y me hiciste entender que tal vez, no había nada que fuera ser salvado ahí. Si yo no quería salvarlo.
A vos que siempre te gustó ser el foco de la atención, a vos que nunca te rendiste ante un problema, que te reías todo el tiempo de la desgracia, que veías a la vida con ojos de ternura, y que nunca te faltó para darle a alguien en necesidad. – De lo poco que tengo mucho te doy –
A vos te escribo esto, gracias por dejarme el legado de vivir desde el amor, gracias por demostrarme que es mejor construir amigos y que la abundancia llega después. Y que las pocas amistades se construyen en las épocas más complejas de la vida.
Amigo no es aquel que te banca cualquiera, sino el que no te banca media y hace que despiertes del letargo. Amigo es aquel que te transforma y mueve tu forma de pensar el mundo hacia la euforia y la transparencia. Amigo es tal vez aquel que necesita un mundo aparte.
No basta con cambiarle la vida a la gente que está cerca a uno, el universo te da mil opciones para cambiarle la vida a la gente que te escucha, a los que te ve, a los niños que te miran y te observan, nunca hay un mejor momento para servirle al universo que el presente.
Lo diste todo y tal vez fue al darlo todo que descubriste que la mejor forma de revivir el amor en otros es perdiendo la confianza en tí mismo. Nunca te vi cabizbajo, jamás te vi dudar de todo lo que tenías que hacer, solo cuando se trataba de atajar las conversaciones pesadas en tu matrimonio me ponías una mano en la espalda – ya ves hijo mío que está es la única pelea que nunca voy a ganar –
Lo diste todo hasta que decidiste no darlo más, te apuesto que si hubiera sido alguien más en esa camilla hubieras hecho hasta lo imposible por sacudir al sujeto en cuestión y decirle todo lo lindo que tenía la vida por vivir, pero jamás te imaginaste que pasaría si fueras vos el que tuviera que enfrentarse a ese dolor, y fueras vos el que decidiera salir a cerrar esa competencia.
No te juzgo solo me alegro de haber estado ahí para verlo, en primera fila, te vi sufrir, pelear, discutir, pero sobre todo vi como te resignabas al dolor cuando cada día avanzaba y más vulnerable te ponías.
Qué frágil es el hombre cuando pierde todo control y agencia de su cuerpo y que tan fuerte debe ser su espíritu para entender que tal vez no podemos acostumbrarnos a que la libertad de la cabeza viene solo cuando somos capaces de llevar a cabo el amor de lo que sí puede pasar con lo que tenemos en frente.
Me enamorado pocas veces en la vida, he visto de frente al amor y he salido corriendo porque no he sido capaz de sostener todo lo que eso conlleva, y después de buscarte en cada rincón de tu casa para encontrar esas palabras que jamás escribiste me volqué a repasar mi celular una y otra vez tratando de encontrar en los videos que nunca tomé y en las fotos que jamás te saqué un:
Te amo hijo mío, se feliz y vuelva alto muchacho. Cogidito siempre de la mano de Dios.
Cómo te extraño viejo y que tan duro es vivir una vida que merezca ser vivida pero te prometo que encontraré la manera de volver a mí, de encontrarte en mí y de entender que tal vez sea esa mi responsabilidad. Entre más viva yo, más vas a poder vivir vos en mí. Y tal vez esa sea la tarea.
Para todo lo demás te cargo en el pecho viejo querido.




