Si ganar menos de un salario mínimo (así le ocurre al 61 % de las trabajadoras), recibir alimentos como pago en especie (77 %) y no recibir remuneración por horas extras (99 %), ya marcaba una precariedad laboral, ¿qué decir de los efectos que arrastró la pandemia por la COVID-19 en el servicio doméstico? Una […]