Sí, esta soy yo, Eloísa.
Probablemente se preguntarán cómo terminé aquí, sentada en mi cama y con el insomnio haciéndome compañía…
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Tengo que admitirlo: yo fui la culpable de que mi amado sueño decidiera terminar conmigo. Pensé que siempre lo iba a tener a mi lado, en mi almohada. Lastimosamente, no me di cuenta de que lo que yo consideraba mi rutina diaria normal era, precisamente, lo que estaba ocasionando su partida.
Cambié su cálida compañía por la luz azul, fría y distante, de la pantalla de mi celular. A pesar de que él me decía una y mil veces, haciendo uso de mis más profundos sueños, que me desconectara de estas pantallas horas antes de acostarme, yo no lo escuché. No le hice caso y ahora estoy pagando con ojeras mi descuido.
En este momento, ya estoy desesperada. Lo extraño demasiado y necesito recuperarlo.
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Por eso, les quiero contar que le he escrito una carta y se la voy a dejar en el nochero, para ver si puedo lograr que regrese…
Querido sueño:
Lamento mucho haberte traicionado y no haberte escuchado cuando aún había tiempo, cuando aún podías hacer que mi cerebro respondiera a tus estímulos y ayudarme a dormir.
Lamento haberte alejado por medio de la luz azul de las pantallas que veía antes de acostarme y haberte cambiado por el scroll infinito que hacía con los videos en redes sociales, en lugar de dejarme acariciar por tus manos llenas de melatonina y canciones de cuna.
Te estaré esperando en la cama, como siempre, con la esperanza de que regreses y con el compromiso en mi corazón de que, de ahora en adelante, prometo respetarte, escucharte y cuidarte como te lo mereces.
Mis ojeras, mi salud y mi estado de ánimo definitivamente no pueden vivir sin ti.
Con amor,
Eloísa.
Después de dejar la carta sobre el escritorio, apagué todas las pantallas de mi habitación.
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En lugar de tomarme un café, decidí prepararme una aromática relajante de manzanilla. Luego me acosté, hice mi oración nocturna y mis ejercicios de respiración… pero, mis queridos lectores, no les puedo contar lo que sucedió después, porque imagínense que me quedé dormida.





