Aquí van las recomendaciones que nos enseñaron en Offline, para ayudarnos a Tobías, José María, Leonor y a mí, a superar nuestra adicción al celular:
- Crear micro-espacios sin pantallas cada día: debemos escoger dos momentos al día de 5 minutos donde el celular vuelva al cajón, por ejemplo mientras estamos desayunando, o antes de dormir. De esta forma, nuestro cerebro va a descansar verdaderamente, sin la estimulación constante de los picos de dopamina que generan las pantallas.
- Cambiar el foco de la recompensa: nos recomendaron reemplazar el foco que nos brinda la gratificación inmediata de las pantallas, por elementos que nos generen placer real. Escuchar música, leer varias páginas de un libro o dar un paseo durante 5 minutos, nos pueden ayudar con la desintoxicación digital y reconectarnos con nosotros mismos.
- Hacernos preguntas existencialistas: cuando sintamos la necesidad urgente de estar revisando constantemente las redes sociales, o las notificaciones del celular, debemos respirar profundo, bajar los hombros y responder honestamente, ¿qué es lo que estoy buscando al mirar el celular? ¿Es acaso información, compañía, descanso, escape de mi realidad? Con el tiempo, nuestra mente podrá discernir conscientemente sobre el uso que le estamos dando al celular.
También les cuento, que en el retiro nos enseñaron ejercicios de respiración, de volver a hablarle a las personas, mirándolas a los ojos, de reconectarnos con el otro. Nos recordaron la importancia de escuchar con atención plena.
A Leonor, le dieron consejos sobre cómo explicarle a su familia, que a veces se siente sola y, como no encuentra con quién hablar deja que el celular sea su más fiel consejero.
A Jesús María, le recomendaron buscar un pasatiempo, ya que, como su vida dio un giro con la vida de pensionado, estaba enfocando toda su energía en pasar “horas extra” con su celular.
A Tobías, le hablaron de la importancia de expresar sus sentimientos y pensamientos con su familia, no encerrarse en su propio ciclo de vida, sino compartir su día a día con las personas que lo rodean. También le indicaron, que cuando cimentaba su vida sobre el display de su celular y no sobre su familia, le estaba abriendo la puerta a la depresión y la ansiedad.
Y a mí, me dijeron que, en lugar de tejer una cobija para mi celular, invirtiera esas ideas creativas y ese tiempo valioso, en mí misma, en mi bienestar, en mi salud emocional, física, mental y espiritual.
Ahora, cuando voy manejando en mi automóvil, practico la regla de enseñarle a mi cerebro que puede sobrevivir sin ver el celular, y que, por el contrario, no puede sobrevivir si pierde la vista en el camino sobre el que vamos conduciendo. Así, le estoy ayudando a recordar lo que es esencial.
Enciendo la radio y voy escuchando mi emisora favorita, porque prefiero evitar el contacto con aplicaciones. Practico la atención plena, con la mirada fija en la carretera y, si hay un semáforo en rojo y llega la tentación de revisar las notificaciones, hago los ejercicios de respiración profunda y me pregunto para qué quiero mirar la pantalla de mi celular en ese momento, cuál es la emoción que quiero gestionar por medio del celular.
No ha sido fácil, pero me siento muy orgullosa de lo que he logrado.
Y, si algún día, cuando vayan manejando por la autopista, ven un automóvil de color blanco que en la parte trasera tiene la frase: “recuerda que vas manejando, no chateando”, podrán saber que se trata de mí, Francisca y que no estoy haciendo uso de mi celular.





