Storytime de cuando el sueño me terminó (parte 1)

Maleja Letras, a su estilo de “medicina narrativa”, continúa abordando el tema del insomnio; en esta ocasión, lo hará en dos partes, y esta es la primera de ellas. Disfruten su lectura.
Por: Opinión
24 enero, 2026
Maleja Letras
Por: María Alejandra García Hernández. Médica de la UPB, especialista en Neurodesarrollo, Aprendizaje y Gerencia de la Salud Pública de la Universidad CES. Creadora del emprendimiento: Maleja Letras, en el que la medicina nos cuenta grandes historias.

Esa noche, no pude conciliar el sueño.

Me volteaba de un lado al otro, contaba ovejas, cabritos y corderos, y, aún así, el pícaro sueño no quería venir.

Decidí encender la luz de mi cuarto para caminar y, tal vez, prepararme una bebida caliente, cuando vi un sobre que “dormía” pacíficamente sobre el escritorio que había en mi habitación. Tenía mi nombre escrito. Y al leer la carta que se encontraba en su interior, todo cobró sentido, entendí el porqué de mi insomnio

Querida Eloísa:

Te escribo esta carta, no desde la razón ni desde la lógica, sino desde la emoción y el sentimiento que tengo en este momento. Hace mucho tiempo que estoy cargando con la pesadez y las consecuencias de tu comportamiento, y te soy muy honesto: ya no puedo más, hasta aquí llegué, he decidido terminar contigo.

Esta no es una decisión que tomé a la ligera, es una idea que desde hace tiempo me ha rondado la cabeza, pero que por el gran amor que siento por ti, he tratado de silenciar en las horas de la noche. Fue tu comportamiento lleno de desprecio, egoísmo y frialdad lo que hizo que me alejara.

Todo comenzó cuando decidiste que era más importante tu relación con tu celular, tu televisor y tu computadora, que conmigo. En lugar de escuchar mis historias antes de dormir, esas que te susurraba al oído y te hacían conciliar el sueño, me cambiaste por un video más en tus redes sociales, por un correo más que no podía esperar a ser enviado al otro día, por un capítulo más de la misma serie de siempre…

Creías que no me daba cuenta, pero, poco a poco, esaluz azul que emitían tus pantallas fue poniendo una barrera entre tú y yo. Te sentías más feliz viendo esas pantallas que lo único que hacían era silenciar mi voz que te decía que ya era hora de dormir. Por el contrario, esa luz le hacía creer a tu cerebro que era mediodía, que el día no había terminado. Por consiguiente, no me dejabas hacer mi trabajo y el insomniofue apareciendo.

El otro día, o más bien, la otra noche, me di cuenta de que le estabas hablando a otro. Fue un momento emocionalmente fuerte para mí, porque, mientras yo intentaba calmar tu cerebro para que pudieras dormir profundamente, tú le estabas hablando al mismo tiempo a un tal cortisol. Le estabas contando sobre lo que tenía preocupada, le dabas vueltas y vueltas al mismo tema de la oficina que te tenía estresada. Y este señor, ni corto ni perezoso, te fue aconsejando que, en lugar de escucharme a mí a la hora de dormir, desahogaras tus preocupaciones en él, ya que era muy buen consejero. Que no era necesario dormir, sino que, bajo la “romántica” luz azul que reflejaba la pantalla de tu celular, juntos, podían encontrar la solución a tus problemas. Una vez más, yo me quedaba con la tristeza que produce sentir que por más que quieras ayudar a la otra persona, esa otra persona (llamada Eloísa), no quiere que la ayuden. Y, en un cerebro que se mantiene alerta por los consejos que a medianoche le da el cortisol, es muy difícil hacer mi trabajo y ayudarte a que duermas bien.

Y, para empeorar todo, fue tu falta de compromiso lo que finalmente me hizo tomar esta decisión: unos días te acostabas a las diez de la noche y me reprochabas que por qué no estaba a tu lado; los fines de semana, buscabas mi voz arrulladora a las dos de la mañana; y, cuando tenías reunión al otro día en la oficina, me exigías que estuviera presente en tu cerebro a las nueve de la noche. Yo soy un ser muy paciente, pero definitivamente, tus malos hábitos, tu desprecio y tu mal comportamiento conmigo, mi compromiso y mi trabajo, fueron los causantes de que esta noche, haya tomado la decisión de abandonarte. Ya depende de ti si quieres que elinsomnio duerma todas las noches en tu almohada, o si quieres cambiar tu estilo de vida e ir a buscarme. Me conoces de toda la vida, y muy bien sabes dónde encontrarme y cómo recuperarme.

Pero, por el momento, estaré durmiendo en otra cama.

Con mucho cariño y total honestidad.

El sueño.

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