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Ser mi propia causa para ayudar al mundo

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Nunca pensé que una pandemia le diera tanto sentido a algo que he pensado desde siempre. Sí, desde siempre que he podido pensarlo, o sea desde que me he aventurado a explorar la interdependencia. El hacerme cargo de mí, con todo lo que implica.

Hacerse cargo de uno mismo puede leerse obvio, para algunos fácil, en todo caso valiente. Y ese hacerse cargo, responsable, con el libre albedrío a bordo, resuena mucho con hacer lo que uno puede con las herramientas que tiene, pero sobre todo con conocerse.

Conocernos para entendernos, para definirnos, una tarea necesaria, pero nunca concluyente. Para relacionarnos con nosotros, con el mundo, con el otro. Y es que, conociéndonos, escuchándonos, comprendiéndonos, logramos identificar qué cosas nos hacen bien, y particularmente cuando tomamos decisiones conscientes sobre lo que nos hace bien, esas decisiones le hacen bien al mundo, o por lo menos a la mayoría del mundo.

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Ser nuestra propia causa es una gran causa, los microcambios tienen más poder de lo que pensamos, y cuando lo hacemos pensando en nosotros, lo hacemos también por los otros.

Intenté inventariar algunas decisiones de los últimos años: reducir el consumo de carne, comprar lo necesario, consumir productos locales, fortalecer la relación conmigo misma, con mis papás, con mis amigos, intimar más. Leer más, escuchar más música, escribir más. Una lista que entre las sumas y restas me va dejando lo necesario, lo importante, y que deja entrever una operación más simple de lo que parece: si me cuido, cuido al otro y cuido al planeta. Todos ganamos.

Y entonces pienso en el propósito de vida o las grandes causas, y me doy cuenta de que yo soy mi mejor causa, que, haciéndome cargo de mí misma emocional y económicamente, aprendiendo a relacionarme con el otro, con la ciudad, con las personas que habitan mi ciudad, sabiéndome interdependiente, ya estoy haciendo un gran aporte, quizá el más importante: vivir respetando la diferencia, entonces dejando vivir al otro.

Hoy más que nunca, cuidarme es cuidar al otro, al que amo y al que desconozco. Cuidarme cuida a mi especie y a otras especies. ¿Cuándo fue tan fácil cuidarnos?

Por: Maria José Gómez Villegas

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