Quizá fue el cansancio de final de año, quizá también el agotamiento mental que dan los cierres o quizá simplemente que no me gustó y ya. Me cuesta no terminar los libros, trato de darles la oportunidad, bajarle la velocidad a la lectura, leerlos en momentos de concentración, pero llega un momento donde es inevitable renunciar a ellos y dejarlos ir.
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Digo esto porque con el último que me sucedió fue con Morir en la arena de Leonardo Padura, escritor que me ha gustado, aunque no lo he leído mucho. Como diría un amigo lector: “hay un antes y un después luego de leer El hombre que amaba a los animales”.
Pienso que esta renuncia que hice del libro de Padura se debe a que estoy leyendo muchas mujeres, fue lo que más leí en el año y volví a un autor masculino con él, también convocado por su presencia en el Hay Festival de Cartagena y Medellín. Espero poder verlo, escucharlo, quizá allí pueda darle una nueva oportunidad al libro.
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Es válido y obvio entender que, aunque conozcas el autor, lo hayas leído, te haya gustado, un libro de este o esta te puede decepcionar. En este caso siento que hay algo en mi lado político actual que me distanció, así como Padura cada vez es más distante, crítico y un buen narrador de la realidad que ve, ha vivido y vive en Cuba, lo cual no desconozco.
Morir en la arena tiene una serie de historias muy bien contadas, la pobreza, la revolución cubana, la amistad y amor, la migración, una pensión mal remunerada que no da para seguir viviendo, el regreso de un hermano asesino de su padre, el mar, la familia. Todo esto está allí.
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Pero quiero volver a las renuncias, no solo de este libro, retomo lo del principio:
¿Por qué si en este año pude leer más, conocer más autores, cerrando el año perdí el ánimo?, ¿por qué la nostalgia del peso de un año que termina me abruma y me desconcentra para leer?
Pienso en este año que inicia, ya tengo a Ricardo Silva Romero esperando para ser leído y quizá reseñarlo, ya tengo también una deuda para escribir sobre lo mágico que es leer a Elena Garro y sus Recuerdos del porvenir, ya quiero leer el último libro de Andrea Mejía, una escritora que me gustó mucho en lo primero que encontré de ella y que también estará en el Hay Festival en Jericó.
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Ya veremos, ojalá este año pueda leer más, escribir sobre lo leído, compartir en este espacio que me brinda Vivir en El Poblado. No sé quién me lee, si les gusta lo que escribo, si mis recomendaciones les motivan a ir a una biblioteca o librería para acercarse a las lecturas que me he encontrado, que también me han recomendado y que han sido dignas de compartirlas. Como diría Andrés Caicedo:
“Estoy recopilando datos para elaborar un nuevo sufrimiento”.
La lectura, según algunos cifras y divulgaciones de medios, es un lujo, por los costos de los libros, el acceso a internet que no todos tienen, no hay una universalidad; sin embargo, ver que abren nuevas librerías, ir a bibliotecas y encontrar siempre gente, aunque sea poco, aunque sea un asunto también de clases, quienes puedan, podamos, sigamos leyendo, pero no olvidando la realidad social que nos afecta profundamente.
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Renuncié a una lectura, pero seguramente en algún momento la podré reanudar.





