La idoneidad del profesional, la habilitación del lugar y la trazabilidad del producto son claves para reducir riesgos en tratamientos médicos estéticos. Organismos internacionales advierten que la seguridad del paciente depende de procesos verificables, no de promociones ni tendencias.
En 2024 se realizaron cerca de 38 millones de procedimientos estéticos quirúrgicos y no quirúrgicos en el mundo, según la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (Isaps, por sus siglas en inglés), una cifra que muestra cómo estos tratamientos dejaron de ser excepcionales y se convirtieron en una decisión frecuente de salud y bienestar.
En Colombia, el primer filtro antes de un procedimiento médico estético es confirmar que quien atiende sea realmente un profesional de la salud habilitado. El Registro Único Nacional del Talento Humano en Salud, ReTHUS, permite verificar si una persona está autorizada para ejercer y si registra sanciones. (Clic aquí para ingresar a la página ReTHUS)
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“El primer paso es confirmar que realmente se trate de un médico. En Colombia, los profesionales de la salud deben estar registrados en el RETHUS. Allí cualquier persona puede consultar si quien lo atiende es médico y qué tipo de especialidad tiene”, explicó el dermatólogo Héctor Peñaranda, GAIN Trainer de Galderma en Latinoamérica.
El segundo punto de seguridad es el lugar donde se realiza el procedimiento. Un consultorio o institución debe estar habilitado para prestar servicios de salud, y antes de cualquier aplicación debe existir una valoración médica, historia clínica, revisión de antecedentes, preguntas sobre alergias y consentimiento informado.
En 2023, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que cerca de uno de cada diez pacientes sufría algún daño durante la atención en salud y que más de la mitad de esos casos podían prevenirse. En medicina estética, esa prevención empieza con una consulta previa en la que se expliquen riesgos, beneficios, número de sesiones y manejo de posibles complicaciones.
El tercer filtro, según Peñaranda, es el producto que será usado. El paciente debe conocer el nombre, el registro sanitario, la fecha de vencimiento, el número de lote y los elementos de identificación del empaque, porque esos datos permiten documentar qué recibió, cuándo fue aplicado y bajo qué condiciones.
Adicionalmente, “el paciente debe saber qué producto le van a aplicar, para qué sirve, cómo actúa y cuáles son sus posibles riesgos”, señaló Peñaranda.
La OMS también ha alertado sobre los productos médicos subestándar o falsificados, que afectan a países de todos los niveles de ingreso y suelen circular en mercados informales o canales digitales. Por eso, desconfiar de precios demasiado bajos, productos sin empaque original o aplicaciones por fuera de espacios es sinónimo de autocuidado.
También en 2023, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) recomendó no usar rellenos dérmicos ni sustancias inyectables para contorno corporal o aumento de glúteos, senos o zonas no aprobadas, por riesgos como infecciones, cicatrices, deformidades permanentes, embolias, accidentes cerebrovasculares e incluso muerte.
Además, es importante que los pacientes tengan en cuenta que, después del tratamiento, los cuidados no terminan, pues deben recibir recomendaciones posteriores, datos del producto aplicado, señales de alarma y una ruta clara de seguimiento —especialmente si aparece dolor persistente, cambios de coloración, inflamación inusual, fiebre o cualquier reacción que no haya sido explicada previamente.
PUNTOS CLAVE:
La ausencia de historia clínica, la negativa a entregar información del producto o la imposibilidad de verificar al profesional son señales de alerta. En procedimientos médicos estéticos, el resultado visible importa, pero la seguridad depende de un proceso responsable de principio a fin.





