Otro espacio menos para el arte en Medellín, cierra la Casa de Crisanto

La Casa de Crisanto
Foto cortesía La Casa de Crisanto

Según informó el humorista Crisanto Vargas, Vargas Vil, hasta comienzo de abril estará en funcionamiento La Casa de Crisanto, ubicada en la entrada al Cerro Nutibara por la calle 33, y que contaba con una sala de teatro, un café,  auditorio y estudios de televisión y audio.

La casa nació en 2007 y tuvo constante programación artística, además, ofreció espacios para el arte, la cultura y algunos eventos sociales. En sus tablas se presentaron artistas nacionales y extranjeros y abrió sus puertas a la Fundación La Barca, que formaba y educaba niños con escasos recursos.

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Casa de Crisanto
Foto cortesía La Casa de Crisanto

Según VargasVil el cierre se debe a temas económicos, pues según le dijo a Vivir en El Poblado “en Medellín la cultura del teatro ha sido muy complicada, hay público para los grandes eventos con grandes patrocinios, pero aquí la mayoría de la gente no está acostumbrada a pagar una boleta sino a que se la regalen”.

El humorista fue enfático en decir que por más pasión que exista una empresa debe producir y ser rentable y sostenible, y en este caso La Casa de Crisanto apenas daba para los gastos fijos y los salarios de los seis empleados.

Casa de Crisanto
Foto cortesía La Casa de Crisanto

Lo que sigue

Después de un estudio de mercadeo y de tener un inversionista chileno, Crisanto asegura que desde abril comenzarán las obras para que nazca el Hotel Museo Casa Crisanto, pensado en familias y que contará con 20 o 25 habitaciones decoradas con uno de los 125 del departamento.

Además, Vargasvil cuenta que la casa – que es de su propiedad – tendrá un segundo piso, y seguirá teniendo un espacio para que en las noches exista arte en el hotel, pues espera contar con cuenteros, bailarines y artistas.

Satisfacción

Según Vargasvil son muchas las satisfacciones que le quedan de La Casa de Crisanto, una de ellas es que con la fundación formaron a más de 2.000 niños, hoy en día algunos artistas profesionales y otros que superaron las vulnerabilidades a las que estaban expuestos.

Frustración

Crisanto asegura que ver cómo la cultura en Medellín no es artística y que cada día pesa más el aguardiente, el chicharron y la rumba.

También reflexiona de que muchos teatros tengan que funcionar con aportes voluntarios, algo que según Vargasvil revienta el bolsillo, pues una empresa debe producir y solventar los gastos, que no son pocos.

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