Ni cinco de sabroso

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Nuestro problema -el mío y el de los 39 billones de bacterias que me habitan- no es de entendederas; comprendemos lo que la vicepresidenta, Francia Márquez, quiere decir desde la primera vez que dijo “vivir sabroso” y chantó la expresión, cual cereza, en el copete de crema del Pacto Histórico.

Vivir sabroso, ella lo ha explicado, no es nada diferente a vivir en paz, con dignidad, sin miedo; como deberíamos de vivir todos. Y no hay que ser expertos en el patrimonio lingüístico del Pacífico colombiano para compartir dicho anhelo. Sólo empáticos. (La presentadora de CM&, Claudia Palacios, no lo fue al preguntarle a la entonces recién elegida, si se instalaría en la residencia oficial para empezar a vivir sabroso; la merecida respuesta que recibió por tan desatinado gracejo está en las redes).

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Dicho esto, un mes después de iniciado el gobierno Petro, las amiguis de mi organismo y yo creemos que “vivir sabroso”, aquí y ahora, es sólo una frase hueca de cajón. Nadie, casi nadie, está viviendo sabroso. A no ser que nos refiramos a una de las acepciones que trae el diccionario de la RAE: Dícese de una persona que trata de vivir sin molestias ni esfuerzos, generalmente a costa del prójimo. ¡Caramba!, ahí sí estaríamos llenos de campeones, señores académicos de la lengua. (Y que saludes del Congreso de la República).

Lo cierto es que la paz aletea a contraviento de la impunidad, la dignidad se agolpa en los tobillos y el miedo campea por regiones apartadas, cabeceras municipales y ciudades capitales. Nada sabroso. Qué pena con madame Francia, pero los hechos son tozudos. Se pregunta mi microbiota:

  • ¿Vivir sabroso es que el presidente, de tanto en tanto, desaparezca de la escena pública sin una explicación convincente?
  • ¿Vivir sabroso es que el senador quintero-petrista, Alex Flórez, no se canse de protagonizar escándalos de variado calibre?
  • ¿Vivir sabroso es aguantarse la lujuria del micrófono de varios ministros sabelotodo que opinan y proponen barrabasadas?
  • ¿Vivir sabroso es presenciar los arrumacos, que no los necesarios acercamientos, de Armandito El Lagartico con Maduro? (“Se equivocan quienes dicen que soy lambón porque esa no es mi personalidad”; todavía le están celebrando el chiste mis invasoras).
  • ¿Vivir sabroso es que reviva el pánico por cuenta de las masacres en Bogotá y en donde usted señale el mapa?, ¿que invadan fincas?, ¿que bloqueen carreteras?, ¿que los atracos callejeros sean pan de cada día?
  • ¿Vivir sabroso es que el sector privado que, con todo y sus falencias, ha llevado en peso gran parte del progreso nacional, esté con la espada de Damocles –de Ocampo- al cuello?, ¿que el salchichón con gaseosa ascienda a la categoría de cava con caviar?, ¿que los tenderos de los barrios se conviertan en especies en vías de extinción?
  • ¿Vivir sabroso es que los partidos políticos, carentes de pudor, se ofrezcan en bandeja al rey, a cambio de migajas de poder?
  • ¿Vivir sabroso es…? Muchas inquietudes para tan poco espacio.

ETCÉTERA: Concluyen mis bichos: “Ni cinco de sabroso vivimos, no puede taparse la realidad con un eslogan”. (Cumplo con contarles, no vaya a ser que se me alboroten; sobre todo los vándalos de la primera línea, los protozoos).

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