El río Medellín es el eje articulador del Valle de Aburrá. Desde la fundación de la ciudad, hace 350 años, el afluente ha sido meridiano para el crecimiento industrial, expansión urbanística y desarrollo de modelos de movilidad.
Además de la autopista Sur, la avenida Regional, las redes de energía, los colectores de aguas residuales y la línea férrea del antiguo ferrocarril, que convergen de manera paralela al torrente, desde hace 30 años, el río Medellín tiene otro compañero adyacente con el que comparte 16 kilómetros de recorrido, el sistema metro.
En ese viaje recíproco, río y medio de movilidad, coinciden con una estructura de concreto o canalización, conformada por múltiples placas que mantiene el cauce de la corriente de agua y ayuda a preservar la estabilidad del equipamiento del sistema de transporte.
Para la ciudad metropolitana el río es su columna vertebral. De sur a norte, entre el municipio de Caldas y el corregimiento de Porce, en Santo Domingo, Nordeste antioqueño, donde desemboca, el afluente recorre 107 kilómetros. De ese total, solo 25 kilómetros están canalizados, una intervención que comenzó hace más de 70 años.
Diferentes situaciones, adicional al cambio climático, hacen que el canal natural del río resulte insuficiente para recibir, transportar y evacuar tanta cantidad de agua, en especial la que se genera en épocas de lluvias, como la actual.
“Hay cambios desmedidos en el uso del suelo. La parte vegetal de las cuencas y laderas ahora son urbanizaciones con muchas personas consumiendo agua; el agua que se precipita ya no se infiltra en el terreno, sino que llega al río con rapidez, lo que demanda del canal más capacidad para manejar esos volúmenes. A esto se suma el factor cambio climático, con períodos de lluvias más fuertes”, relató Lilian Posada García, profesora de la Universidad Nacional -UNAL-, sede Medellín.

Cada vez más, las borrascas y aumentos de caudal acrecientan los llamados puntos críticos en el río: socavaciones en los cimientos del canal (placas, muros o diques de contención) que ponen en riesgo a la comunidad y la infraestructura urbana, como el metro y vías contiguas al cuerpo de agua.
“Por ejemplo, una placa de la canalización que sea detectada con algún tipo de daño puede significar un punto crítico; básicamente, es eso”, manifestó Tomás Elejalde Escobar, gerente de la empresa Metro.
Uno de estos episodios, esta vez una socavación en la línea férrea, tuvo lugar, de manera súbita, el pasado 20 de octubre, a la altura del puente de la 4 Sur, entre las estaciones Aguacatala y Poblado de la línea A del metro.
En medio de la contingencia, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá -AMVA-, entidad a cargo del manejo ambiental del río Medellín, anunció que, con base en un estudio adelantado por la Universidad Nacional, sede Medellín, se han detectado 89 puntos críticos en ambas riberas del afluente.
“Ya está en ejecución un contrato para atender los primeros 17 puntos críticos que nos permitirá tener una mayor seguridad. La inversión para estas obras se realiza a través de todos los municipios del Valle de Aburrá”, explicó Paula Palacio Salazar, directora del AMVA.
Para la intervención preventiva de estos primeros puntos críticos detectados, incluido el de la reciente contingencia, se destinaron $35.000 millones: “Los recursos se están invirtiendo, tanto la Alcaldía como la empresa Metro, en comparación con lo que no hicieron en los últimos cuatro años, que no invirtieron un solo peso en el río”, señaló Federico Gutiérrez Zuluaga, alcalde de Medellín.
Ante la coyuntura reciente, la académica Posada García, también coordinadora del grupo de estudio del cauce del río Medellín por parte de la UNAL, recuerda: “Es importante entender que el canal del rio es una vía fluvial y como tal, requiere un mantenimiento constante. Es necesario continuar con el monitoreo del río para prevenir posibles fallas; estar al tanto de los cambios que se presentan después de cada fase de lluvias y luego de cada período seco; además, de emitir alertas previas para controlar probables contingencias“.
Además: Dos días antes de lo previsto se reactivó servicio en tramo afectado del Metro
Posibles soluciones en curso
En el documento de la UNAL, los expertos señalan que canal actual del río Medellín está en capacidad de manejar caudales normales, con buen mantenimiento, pero frente al cambio climático es necesario pensar en otras soluciones que aumenten su cobertura como muros, diques perimetrales, canales alternos –bypass– o trasvases.

Para el monitoreo del río Medellín se utilizan aparatos que miden la posición del nivel freático sin destapar el terreno.
Se trata de geoeléctrica, un método geofísico no invasivo que estudia el subsuelo inyectando corriente eléctrica y midiendo las variaciones en la resistividad de los materiales que se encuentran con el fin de obtener información sobre las propiedades del terreno. En la ciudad hay varias firmas que prestan este servicio a la Universidad Nacional y a la empresa Metro.
“Nosotros hacemos inspecciones permanentes. Tenemos personas caminando en la vía, que van en las cabinas de los trenes para identificar cómo está la marcha de los vehículos y si hay alguna variación. Tenemos, también, una red de topografía que está desplegada a todo lo largo de los 16 kilómetros al lado del río y en otros sitios donde se pueda presentar movimientos de terreno. Estamos aplicando, igualmente, monitoreos con drones y georadares para poder identificar el comportamiento del río y de nuestro sistema férreo”, relató el gerente de la empresa de transporte masivo.
Adicionalmente, el AMVA dispone del Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá -SIATA- que permanentemente registra variaciones en los niveles del río a lo largo de todo el canal, así como en otros puntos de la cuenca en toda la región metropolitana.





