No podría decirse que soy una persona “del tarot”, pero por estos días me ofrecieron una lectura y acepté. Hubo un mensaje que me llegó al corazón: celebrarnos a nosotros mismos es una forma de salud mental. Lo comparto por si alguien acá es como yo, que baraja muchas cosas al tiempo y siempre siente que queda algo pendiente.
La primera carta mostraba a una persona frente a siete copas, confundida ante tantas posibilidades. Me vi pintado en esa carta. Luego apareció el tres de copas: personas danzando y levantando lo que parecían trofeos. Para salir de tanta dispersión, me dijeron, necesitas “bajar al cuerpo”. Ponte tus mejores ropas, sal con amigos y diviértete. Pero ojo, no solo celebres, debes también celebrarte. Felicítate por tus propios logros.
Salí decidido a intentarlo. Justo la semana pasada, la Cámara de Comercio de Medellín me invitó al reconocimiento de los consejos asesores. Así que usé la ropa que me agrada porque quería celebrar mi participación en el consejo asesor de la industria de alimentos, ese tiempo que saco para aportar y pensar en colectivo. Dejé mi modo empresario en la oficina y llegué dispuesto a disfrutar.
Quizás mi actitud fue contagiosa, o todos llegamos con ganas de pasarla bien, porque pronto nos hicimos un grupito cerca de una mesa con comida y terminamos bromeando sobre cuándo quisiéramos jubilarnos y a qué nos dedicaríamos después. Ninguno quería solo jubilarse.
En esas se acercó una persona y nos preguntó: “Ustedes son del clúster de moda, ¿verdad?”. Del agroalimentario, respondimos entre risas. Aunque el comentario era para todos, después me dijo que también lo decía por mí. Alguien notó mi esfuerzo de vestirme para celebrarme. Lo recibí como un guiño de la vida.
También me tomé un selfie. Normalmente no lo hago, pero esa noche lo mandé a mi esposa, al grupo familiar y a algunos amigos, contándoles lo que había logrado. Bajé al cuerpo: entre las risas, la comida y esas palabras para mí mismo, dejé de barajar tantas cosas en la cabeza. Me decía una y otra vez: “Lucas, qué bien lo has hecho”.
Ahora miro la tercera carta, una persona en un jardín, rodeada de frutos, y pienso: quizás ya hay suficiente para celebrarnos, pero andamos tan ocupados que no lo vemos.
¿Por qué esperar un evento especial? Haciendo fila en un supermercado, la persona delante de mí ya ponía las cosas de su carrito lleno en la banda. Yo solo llevaba una miel. Volteó, me miró y sonrió: “Ve primero, que solo tienes una cosa. Adelante”.
Interrumpió su rutina y me regaló un poquito de su tiempo. Quiero creer que se quedó con la alegría de haber hecho algo bueno por alguien. Pienso en cuántos gestos así dejamos pasar sin celebrarlos.
Aquella noche me lo dije con mi mejor ropa, en medio de un reconocimiento. Quiero aprender a ver lo que ya está ahí y decírmelo también un día cualquiera: Lucas, qué bien lo has hecho.




