Hace unos días estuve visitando Bogotá, la capital tiene un importante número de librerías y, por ser justamente el epicentro del país, cuenta con la posibilidad de acceder a un mayor catálogo de editoriales y libros que en otros lugares son difíciles de conseguir. Aunque Medellín esté también en crecimiento, la dinámica en la capital es mayor y un poco distinta.
En ese camino de observar y elegir qué leer, encontré algo que a mi regreso también pude evidenciar en las librerías, el aumento de títulos provenientes de Asia. Y hablando con Rodnei, mi amigo librero, pude entender la razón. Mientras yo pensaba que se debía un poco al Nobel ganado por Han Kang, en realidad se debe a una apuesta constante del Gobierno de Corea del Sur, principalmente, para apoyar la edición de autoras y autores de su territorio para ser también traducidos. Esto ha permitido que los libros sean más fáciles de conseguir en este lado del mundo, por ejemplo.
Así fue como llegué a Wilborada, hermosa librería en Bogotá, y me encontré con Los misterios de la taberna Kamogawa, del escritor japonés Hisashi Kashiwai, una novela suave, quizá simple, pero muy bien escrita, una clase de escritura por cuenta de este autor a través de esta historia.
La historia se desarrolla en un barrio de una ciudad en Japón, un lugar que no es restaurante tampoco parece taberna, pero sirven comida y la llaman taberna; allí un hombre y su hija son quienes atienden a las personas; no hay carta de menú, cada día se prepara lo que el chef, el padre, considera apropiado cocinar; los comensales son pocos, incluido un gato que el padre no permite entrar al espacio y que la hija adora.
Detrás de la zona de comida está la oficina de la hija, la cual es una investigadora que ayuda a algunas personas como si fuera una detective, a encontrar un plato. Sí, el padre y la hija son detectives gastronómicos, y las personas van allí a buscar ese plato que probaron en la niñez o que le recuerda a alguien y con poca, muy poca información. Estos dos se encargan de encontrar el plato casi exacto para que dos semanas después de la petición, la persona que hace la búsqueda vaya a la taberna a probar ese plato tan deseado y quedar en una satisfacción completa y nostálgica que dicha comida le genera.
Esa es la historia, es simple pero cautivadora, fácil de leer. Aunque imposible para grabarse o pensar en preparar los platos que allí son mencionados. Confieso que no recuerdo ninguno así vaya a cada página a volverlos a leer, inmediatamente cierre el libro los olvidaré.
Este libro está en una bella edición publicada por la editorial Salamandra y se encuentra fácil en las librerías, por lo menos lo vi en Ítaca en Laureles y en La Pascasia en el Centro. También está disponible para préstamo en la Biblioteca Pública Piloto, así que, si este pequeño texto les generó interés, ya saben dónde encontrarlo y me cuentan qué les pareció este delicioso viaje con toque japonés.





