Lo que comenzó como un esfuerzo académico se convirtió en un proyecto colectivo en el que la universidad, la empresa y el Estado comparten un mismo horizonte: producir combustible aéreo sostenible en Colombia.
Hoy ya se cuenta con un prototipo que entrega un litro de biojet por día, y aunque puede parecer una gota de agua en medio del océano, encierra la promesa de transformar la forma en la que el país piensa su energía.
El proyecto, en el que se trabaja desde el 2022, es liderado por el grupo de investigación Procesos Químicos Industriales —PQI— con el apoyo del grupo Manejo Eficiente de la Energía —Gimel—, de la Facultad de Ingeniería de la UdeA, junto a la Universidad de La Guajira, Fedepalma, la empresa IEA instruments, y el respaldo financiero del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.
El biojet o combustible sostenible de aviación —SAF, por sus siglas en inglés— es la alternativa más prometedora que tiene hoy la industria aérea para reducir su huella de carbono.
A diferencia del Jet A-1, derivado del petróleo, puede producirse a partir de materias primas renovables como aceites vegetales, animales o residuales.
Su uso no requiere cambiar motores ni infraestructura, y aunque hoy solo representa menos del 5 % del consumo mundial, organismos como la Asociación Internacional de Transporte Aéreo —IATA— lo señalan como clave para que el sector cumpla sus metas ambientales.
Este desarrollo es crucial para un país como Colombia que, según el Acuerdo de París, se comprometió a reducir el 51 % de sus emisiones de gases de efecto invernadero para el 2030.
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Un desafío importante si se considera que “Colombia consume entre 550 y 600 millones de galones de combustible fósil al año, por eso anticiparnos con SAF no es un lujo, es una necesidad estratégica”, dijo el Mayor Mauricio López, especialista estratégico de fomento aeronáutico de la Autoridad Aeronáutica de Aviación del Estado, quien además confirmó que la Fuerza Aérea Colombiana —FAC— por sí sola consume cerca de 10 millones de galones de Jet A-1 al año.

Según Clean Fuels Alliance America, para el 2022 el consumo global en el sector de la aviación alcanzó los 99.000 millones de galones.
La validación final del combustible está en manos del grupo Gimel, que utiliza en sus laboratorios una microturbina de aviación real —similar a las de los aviones comerciales— para evaluar el desempeño de las mezclas. “Somos la primera universidad en Colombia en probar un biojet producido localmente en este tipo de equipo”», afirmó John Ramiro Agudelo, doctor en Ciencias Térmicas e investigador del grupo Gimel de la Facultad de Ingeniería de la UdeA.
Las pruebas comenzarán con mezclas graduales, partiendo de un hecho clave de la industria: actualmente no es viable operar aeronaves exclusivamente con combustible sostenible debido a requerimientos estrictos de los motores.
Por ello, inicialmente se evaluarán combinaciones en las que, por cada 100 litros, se incluyan entre 1 y 5 litros del biojet —mezclas al 1 %, 2% y 5 %—, manteniendo el Jet A-1 convencional como base.
El objetivo es medir con precisión el comportamiento del motor y las emisiones con cada incremento, para ello incluyen estudiantes de doctorado que respaldan este proceso.
“Se analizan las emisiones no reguladas, con alto impacto sobre la salud humana”, añadió Agudelo, recalcando que, de obtener continuidad en la financiación, la meta es mejorar la calidad del biojet obtenido, aumentar los porcentajes de mezcla y escalar la producción para ensayos en motores de aviación reales.
La meta es clara, transformar la riqueza agrícola del país en valor energético, creando cadenas de suministro locales que beneficien desde el pequeño cultivador hasta una aerolínea internacional.
No se trata solo de sustituir un combustible, sino de tejer una nueva economía alrededor de él en el país, como lo vienen desarrollando otras naciones.
El mensaje final es una invitación a no repetir los errores del pasado, “podemos importar la tecnología llave en mano cuando el mundo ya haya resuelto el problema, o podemos ser parte de la solución, desarrollando nuestra propia capacidad, nuestro conocimiento y nuestra industria”, concluyó Agudelo.





