Uno de los sistemas de bibliotecas más importantes del departamento y del país está de aniversario: se trata del ecosistema de bibliotecas de la Universidad de Antioquia, que está cumpliendo 90 años de resguardar y a la vez expandir el conocimiento en la región.
Si bien, la llamada alma mater de los antioqueños tiene muchos más años, el historiador y jefe del Departamento de Historia de la Universidad de Antioquia, Rodrigo García, indicó en uno de los artículos de la revista Leer y Releer que la biblioteca universitaria: “Fue tardía con relación a la historia institucional”.
Hay que recordar que la Universidad de Antioquia fue fundada en 1803 en lo que era un antiguo convento manejado por monjes franciscanos – hoy la Plazuela de San Ignacio, específicamente en el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, centro de Medellín -.
“Por ello, la primera colección de libros que pudiera llamarse ‘biblioteca’ corresponde a sus inicios franciscanos y republicanos, requeridos para la enseñanza de la gramática y filosofía; en 1870 la biblioteca reunía algo más de 2.300 volúmenes que sirvieron para crear la Biblioteca (pública) del Estado”, resaltó García en el artículo titulado “A celebrar y conmemorar la biblioteca y la historia”.

El historiador hace referencia a que, después de diversas disputas de enajenación, reorganización y crecimiento continuo de colecciones, en 1935 el rector de ese entonces de la universidad, Clodomiro Ramírez, nombró director de Biblioteca a Alfonso Mora Naranjo, quien es considerado el fundador del Sistema de Bibliotecas como dependencia administrativa.
A Mora Naranjo lo constituyeron como el primer guardián de las colecciones en poder del alma mater.
Según el texto Araña paciente y silenciosa de Juan Carlos Orrego, en la edición 145 del periódico Universo Centro, el 9 de abril de 1948, en pleno “Bogotazo”, Mora Naranjo fue quien “se paró en la puerta del recinto – que guardaba las antiguas colecciones – para evitar que los alzados le prendieron fuego”.

En 1968, con la construcción del bloque 8 de la Ciudad Universitaria, nació la que hoy conocemos como Biblioteca Central Carlos Gaviria Díaz, la cual ha perdurado durante el tiempo con 15 colecciones bibliográficas generales y especializadas en formato físico, compuestas por 262.406 títulos y aproximadamente 758.621 volúmenes. De acceso virtual y electrónico cuenta con 127.720 referencias.
Actualmente, la Universidad de Antioquia cuenta con 18 bibliotecas que conforman su Sistema. Estas bibliotecas están distribuidas en diferentes facultades y sedes de la universidad, incluyendo el campus universitario en Medellín y en distintas subregiones del territorio antioqueño.
Otro guardián del patrimonio
Dentro de las múltiples secciones o salas que alberga la Biblioteca Central Carlos Gaviria Díaz, se encuentra, quizá, una de las más importantes: Colecciones patrimoniales, ubicada en el último piso de la biblioteca central, es uno de los espacios que cuenta con la historia más íntima del departamento.
Cualquier persona, sin importar si es alumno, estudiante o externo a la universidad, puede consultar revistas, periódicos, libros y demás material bibliográfico para investigaciones, trabajos de grado y proyectos personales.
En la sala, se encuentran grandes estanterías, de dos metros de largo, huelen a ese característico papel archivado, la temperatura es baja y cada número o serie está estrictamente detallado en los anaqueles de cada sección.

Bajo todo el rigor archivístico y documental, se encuentra José Luis Arboleda, un hombre con típica camisa de cuadros, con voz pausada y tranquila, que al detallar los espacios de la sala pareciera que tuviera un mapa en su cabeza que le indica exactamente dónde está cada libro.
José Luis Arboleda, es coordinador de Gestión Cultural y Patrimonial en la biblioteca y es el encargado de resguardar, como alguna vez lo hizo Alfonso Mora Naranjo, la herencia intelectual del departamento.
Dentro de esta colección patrimonial hay libros de frailes franciscanos, colecciones documentales patrimoniales, colección de revistas nacionales e internacionales del siglo XIX a principios del XX y 23 archivos personales.
Dentro de estos archivos se encuentran las memorias, cartas, notas de clase, películas, libros, mapas, imágenes, fotos y un sinfín de documentos de personalidades como: el expresidente Alfonso López Michelsen, el abogado, profesor universitario y exsenador Carlos Gaviria Díaz —a quien le adjudicaron el nombre de la biblioteca—, el médico y defensor de derechos humanos, Héctor Abad Gómez, entre otros que han dejado huella en el país.
“Es saber que los archivos personales no son solamente el nicho para entender al personaje, sino a través de esa información, entender una época o un contexto, una mentalidad, porque ese personaje se ha movido en fenómenos dentro de su época y de su contexto”, recalcó José Luis Arboleda en el valor de estas colecciones.

Recientemente, y para conmemorar los años de custodia de un lugar que para muchas personas puede pasar desapercibido, llegó el archivo personal de uno de los periodistas más emblemáticos y críticos sobre la ética, el profesor Javier Darío Restrepo, quien después de su muerte, su hija organizó detalladamente hasta la última carta que en vida su papá realizó.
Este tipo de espacios están abiertos al público y cuentan con innumerables joyas como libros del famoso Sabio de Caldas, el primer ejemplar de la primera edición del periódico El Espectador y libros del siglo XVII que dan cuenta de un trabajo que por décadas se ha preservado en el alma mater de los antioqueños.





