Ese impulso que en ocasiones sentimos por mirar el celular constantemente, no parar de ver series o no resistirnos a un delicioso postre se debe a una potente molécula que tenemos las personas: la dopamina.
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Durante mucho tiempo se creyó que la dopamina era la molécula del placer. Sin embargo, la ciencia nos explica que realmente es la molécula del querer, no del gustar.
La dopamina nos impulsa a buscar, a movernos, a explorar, a inventar y a pensar en el futuro y esto es muy positivo, porque nos impulsa a soñar, tener proyectos y a cultivar la esperanza. Por otro lado, es la responsable de que nos animemos a buscar un nuevo trabajo, de que nos obsesionamos con un hobbie pero también que sigamos mirando el celular esperando un mensaje.
Cuando por fin logramos una meta, sentimos placer, pero esa sensación la generan otros químicos. La dopamina ya está pensando en la siguiente meta, el siguiente logro, la siguiente búsqueda.
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El problema es que el sistema dopaminérgico siempre nos hace querer más. Una vez que conseguimos algo, la satisfacción dura poco, y la dopamina ya está impulsándonos a desear algo más grande, algo nuevo. Esto puede ser positivo para el progreso humano (por eso inventamos el celular o llegamos a la luna), pero también puede ser contraproducente para nuestra felicidad cotidiana (por eso nos aburrimos de la ropa que compramos hace un mes) porque puede hacernos olvidar de disfrutar el presente o estar a gusto con lo que tenemos ahora.
Este impulso constante de la dopamina explica muchos de los problemas actuales de nuestro comportamiento:
- El ciclo de la adicción: La adicción no es solo una búsqueda de placer, es una búsqueda dopaminérgica. El alcohol, las drogas, los videojuegos y hasta los alimentos altos en azúcares secuestran el sistema de la dopamina, liberando cantidades masivas y diciéndole a nuestro cerebro: “¡Esto es lo más importante de tu vida! ¡Necesitas más!”. Esto te roba la capacidad de disfrutar las cosas sencillas.
- La procrastinación: A veces, las tareas importantes (como hacer ejercicio o estudiar) no liberan dopamina inmediata. En cambio, revisar el celular o comer un dulce sí lo hace. Nuestro cerebro, guiado por la dopamina, elige lo que da una recompensa inmediata aunque sea pequeña, en lugar de lo que da una recompensa grande pero a largo plazo.
- La insatisfacción crónica: Como la dopamina siempre está enfocada en el futuro, si no aprendemos a valorar el presente, viviremos en una insatisfacción perpetua. Siempre buscando el “siguiente nivel”, el “próximo ascenso” o la “mejor pareja”, sin disfrutar lo que ya tenemos.
Sin embargo, no todo lo relacionado con la dopamina es negativo, como dueños de este maravilloso sistema, podemos entrenarlo y sacar el mejor provecho. La clave es reajustar la forma en que la dopamina nos motiva.
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La mejor manera de aprovechar la dopamina es retrasar la gratificación. Cuando sentimos el impulso de hacer algo por dopamina inmediata (como revisar una notificación, comer un dulce o comprar algo que no necesitas), es recomendable esperar unos 10 minutos.
Al entrenar a tu cerebro a esperar, hacemos que la recompensa sea más valiosa. Estamos enseñándole a nuestro sistema dopaminérgico que vale la pena trabajar por el logro, no solo por la gratificación inmediata. Esto fortalece nuestra fuerza de voluntad.
La dopamina nos hace individualistas y ambiciosos (perfecto para el trabajo), pero el apego y el bienestar se gestionan con neurotransmisores del presente (como la serotonina y la oxitocina). Está bien soñar con nuevos proyectos, pero también es importante estar satisfechos con lo que tenemos en el presente.
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Cuando sentimos que sólo se está buscando el éxito a toda costa, puede ser una buena estrategia hacer una pausa para la conexión humana genuina. Pasar tiempo de calidad sin dispositivos electrónicos, compartir tiempo con personas que queremos o sólo tener un acto de amabilidad con un extraño. Estos actos fortalecen el “sistema del gustar y del presente” y nos ayudan a encontrar satisfacción en el aquí y ahora, contrarrestando la insatisfacción constante de la dopamina.
Entender la dopamina es entender por qué deseamos lo que deseamos. Al gestionarla con conciencia, podemos dirigir su poder para construir una vida que no solo sea exitosa en el futuro, sino que se disfrute plenamente en el presente.





