¿La ley antecede a la costumbre o es la costumbre la fuente principal de las regulaciones jurídicas? Mejor dicho: ¿las leyes tienen como objeto principal modificar la cultura o, por el contrario, es la cultura la que termina por configurar las leyes? No lo sé. Soy psicólogo y publicista, no abogado, pero tengo mis sospechas sobre este tema que nos toca a todos. Ya verán.
Para abordar el asunto, me ha parecido interesante el reciente fallo de la Corte Constitucional que ratifica la Ley 2385 de 2025 (conocida como Ley No Más Olé), en el cual se valida la prohibición de las corridas de toros y las peleas de gallos en Colombia. Se lee en el texto de la Corte que “la tradición y la cultura no pueden justificar la crueldad”. Una afirmación que celebro y comparto, pero sobre la cual me gustaría hacer un par de reflexiones.
La primera es que esa misma Corte, conformada entonces por otros magistrados, había dicho lo contrario hace algunos años. Es decir, había eximido justamente a las corridas de toros y a las peleas de gallos de las leyes contra el maltrato animal, argumentando que estas hacían parte de las costumbres y tradiciones del país. Esto demuestra que las consideraciones jurídicas no son inmutables y están permeadas por los sesgos de quienes las emiten
La segunda es que, a pesar de que lo parezca, en este caso no es la Corte la que modifica las costumbres y tradiciones con su fallo. Ya las corridas de toros y las peleas de gallos se habían convertido en prácticas casi proscritas, celebradas por grupos cada vez más reducidos de ciudadanos. Ambas tradiciones, toros y gallos, mueren lentamente en el mundo
por falta de espectadores, y no necesariamente por efecto de las leyes.
No es entonces, en este caso, la prohibición la que antecede al cambio cultural, sino el cambio cultural el que antecede a la prohibición, aunque parezca lo contrario. Sospecho que lo mismo terminará sucediendo con el coleo y las cabalgatas masivas como espectáculo. Su público ha ido desapareciendo, y con él, la tradición, aunque algunos se resistan al cambio. Lo mismo ha ocurrido con costumbres como fumar o beber en exceso: aunque no han desaparecido han disminuido significativamente, al menos en la Generación Z.
La extinta cabalgata de la Feria de las Flores en Medellín, que algunos miembros de Asdesilla han intentado revivir, y cuyo espectáculo se ha trasladado a las Fiestas de los Negritos en El Retiro —donde la regulación municipal sobre el bienestar animal es más laxa—, parece tener también los días contados. Seguramente no en esta década, pero sí en la próxima,
cuando la ley ratifique lo que la costumbre ya ha comenzado a señalar.
Mahatma Gandhi decía que el avance de una sociedad se podía medir por la forma en que trataba a los animales. En nuestro caso colombiano, sigue siendo desesperante la lentitud con la que la empatía se extiende a otras especies, pero por algo se empieza, y la Ley No Más Olé es una muestra de ello. La cultura, entonces, avanza – a pasos de bienestar animal – , y la legislación, a través del Congreso y la Corte, simplemente la ha formalizado.





