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La ciudad que entrega Federico Gutiérrez

No hay mandatario que diga que realizó una mala labor y el alcalde saliente no es la excepción. Se reafirma en sus cifras y se va con una aprobación alta, aunque no libre de críticas.

Lo que sí es irrebatible es que Medellín pareciera un reto infinito.

El martes 31 de diciembre Federico Gutiérrez termina su periodo al frente de la ciudad y es hora de balances. Él presentó el suyo a nombre de su equipo el martes 10, equipo que, dijo, también han integrado empresarios, academia y ciudadanía, y que “se la jugó por brindarle calidad de vida a Medellín”. “Gracias por haberme dado el privilegio de ser su alcalde”, dijo emocionado.

A su favor presenta un cumplimiento del 95 % del plan de desarrollo, destaca inversiones en 1.584 obras públicas y la que califica como una “transformación de la sociedad”. La ciudadanía le da una aprobación del 82 %.

 

De su gestión, Federico también destaca el regreso a clases de 8.200 niños que habían abandonado el colegio, la conexión al acueducto para 40.500 familias o la inversión por $98.000 millones en andenes para El Poblado.

En materia de cuestionamientos, es señalado por incumplir sus promesas en seguridad. Federico responde que la cifra de homicidios es “la más baja desde finales de los setenta” y que a las estructuras criminales les dio donde les duele: extinciones de dominio por $489.000 millones e inversión de $5 billones en educación.

Se le cuestiona que no entregó el tranvía de la 80 y su réplica indica que hoy el proyecto queda estructurado y con vistos buenos en Bogotá. “En 2016 solo era una idea”. También le critican su excesiva exposición, mientras él señala que su estilo es gobernar en las calles.

Otro señalamiento fuerte es que fue una Alcaldía de proyectos menores, pero el mandatario señala avances en todos los frentes: apertura del Centro para la cuarta revolución industrial; obras del metrocable de El Picacho; movilidad pública eléctrica con 65 buses y 200 taxis; atención integral para 83.116 niños en edad escolar; menor tasa en 15 años de mortalidad infantil; reducción en 46 % del embarazo adolescente; 40.000 oportunidades en educación superior; o finanzas públicas sanas. “Es una revolución social en proceso”, calificó, sin que hiciera alusión a sus promesas de obra en el intercambio de la 4 sur o de 80 kilómetros de ciclorrutas.

Se puede debatir sobre la pertinencia, la oportunidad, la cobertura o la continuidad de sus ejecuciones. Se puede desmenuzar su “entregamos una ciudad mucho mejor de como la recibimos”, y analizar si Medellín venía bien y esta de cara a 2020 es la que debía entregar. Lo que sí es incuestionable es que aquí pocas tareas pueden ser declaradas como terminadas y que los retos van más allá de la obra pública, que es casi natural con un presupuesto anual enriquecido por EPM en $4.3 billones.

Aquí el gran reto es la transformación cultural, que solo se logrará con trabajo en llave, por supuesto con apertura a la discordia, y construyendo sobre lo construido entre ciudadanía, autoridades, empresa privada y academia. El reto ahora es para Daniel Quintero.

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