Madroño revivido en casaquinta restaurada

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La Casa de la Cultura de Envigado está cargada de referentes históricos y de leyendas. Y protegida por un viejo árbol de madroño, sobreviviente de tenaz incendio.

La casa grande estaba ahí cuando Envigado todavía no era Envigado (lo fue en 1775). Estaba ahí cuando los Estados Unidos no eran los prepotentes Estados Unidos de América (se crearon en 1776). En ella nació, creció y se proyectó a la historia de Colombia Miguel Uribe Restrepo, y también pelechó -y ahí permanece contra vientos e incendios- el imponente árbol de madroño de 125 años que ofrece compañía, frutos y sombra.

La mansión nació grande (con la configuración actual) en 1770, sobre edificación inicial que se levantó entre 1745 y 1750. Desde siempre, con vocación crecida, como que en los terrenos de la finca que dominaba se levantan hoy cinco barrios residenciales y el sector industrial de Las Vegas: Bosques de Zúñiga, Villa Grande, San Marcos, El Portal y Ciudad Jardín. Una idea de su magnificencia: cuatro corredores enmarcan el patio central, en mazorca y con una pileta venida a menos. Y otros cuatro, externos, que bordean la cuadrícula construida, que da cuerpo a la vivienda y la comunicaban -años ha- con los servicios básicos. Y tan sólido su papel en la historia local, que fue epicentro administrativo de la finca en mención (Andalucía), de producción agrícola, actividades fabriles, ejercicio de artes (literatura, dramaturgia), y ahora de variada actividad artística y cultural.

El historiador Carlos León Gaviria explica que visitar la casa y trabajar en ella es un ejercicio de descubrimiento permanente.
El historiador Carlos León Gaviria explica que la fecha adoptada como día clásico de Envigado -no fundacional- es el 19 junio 1775, cuando se traza el parque.
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El historiador Carlos León Gaviria se las sabe todas sobre este inmueble. Que se construyó imitando una casaquinta española, con elementos arquitectónicos propios de las edificaciones moras o andaluzas, de allí su nombre. Que los terrenos iban desde la quebrada La Ayurá hasta la actual calle 37 sur, y desde la carrera 43 A (avenida El Poblado) hasta el río Medellín. Que en sus inicios fue propiedad de unos Restrepo (apodados los platanares por ser dueños de varias haciendas dedicadas a este cultivo). Que, durante la transición de casa de familia a Casa de la Cultura, albergó el Gimnasio Pinares, el colegio Manuel Uribe Ángel, el Teatro Matacandelas, la Academia de Historia de Envigado, el Club Rotario, y varios grupos de teatro y organizaciones culturales.

En su amplia alcoba principal nació Miguel Uribe Restrepo (1792-1841), gran jurista, primer profesor de filosofía de la Universidad de Antioquia, y protagonista de la independencia nacional desde lo jurídico. 

 En 2016 la casa grande fue sometida a restauración integral. Qué hallaron: evidencia de los procesos de transformación que tuvo, por diferentes usos y costumbres; varias habitaciones que fueron cambiando de vocación; una cocina clausurada, unos baños olvidados y una serie de elementos que dieron cuenta de su desarrollo arquitectónico. En este proceso, los restauradores llevaron la mansión aproximadamente a 1930: el actual es el aspecto que tendría a comienzos del siglo XX, precisa el historiador Gaviria.

Añadidos intrusos

También encontraron herramientas, algunas cerámicas españolas, azadones y otros elementos muy deteriorados. Agrega que “Hallamos una acequia y un desarenador que discurre por debajo del corredor occidental interno, y que todavía está ahí abajo”. Una especie de vitrina, a ras de piso, muestra el suelo antiguo, ubicado a casi un metro del nivel actual de la casa. 

La restauración implicó repotenciar tapias y techos de bahareque y lidiar hasta con un incendio. Además, recuperar pisos: los conforman tabletas de arcilla cocida, hechas a mano en el departamento del Quindío, con técnica muy particular de dureza y cocinado. En síntesis, dice Gaviria, echaron mano de toda la pericia de los arquitectos y restauradores para lograr este resultado. 

Entre otros añadidos estructurales había un espacio que, luego del año 1969 cuando la edificación fue adquirida por el municipio, se habilitó como teatro – eje de la celebración de los 200 años de Envigado, ocurrida el 19 de junio de 1775 (fecha convencional). 

Este madroño pertenece a una especie poco común hoy en día, en cuanto a tamaño, debido a que las fincas en donde crecía han desaparecido.
Este madroño pertenece a una especie poco común hoy en día, en cuanto a tamaño, debido a que las fincas en donde crecía han desaparecido.

En el extremo suroriental habían levantado la casa del mayordomo. Al demolerla, recuperaron el corredor lateral del costado sur, y por ende la salida natural que tuvo la casa al camino hacia el Oriente antioqueño. “Estos corredores no eran de bonitos, tenían usos prácticos. El corredor externo oriental era el de la cocina: depósito de herramientas, tinajas de agua fresca o de grano, y colgadas de las paredes había sillas, aperos. Este del sur era el corredor económico: aquí acumulaban la panela, el plátano y otros productos de la finca, para que los arrieros los recogieran”, narra Carlos León. E imagina a quince, veinte esclavos -antes de la independencia- ayudando a cargar las mulas, y a diez o veinte arrieros con sus peones lidiando con recuas de 40, de 50 animales de carga, para llevar comida por toneladas a Manizales, por ejemplo.

En 2017 la Casa de la Cultura Miguel Uribe Restrepo abrió sus puertas, luego de la restauración que tuvo un costo de unos $ 3.600 millones, para mantenerse como referente de la historia de Envigado; inmueble destinado al desarrollo artístico y cultural local.

Así que unas 400 personas se benefician cada año de los talleres de artesanías que ofrece. Además, registra entre cuatro mil y cinco mil visitantes que participan en las actividades académicas y culturales, según Sormérida Berrío, comunicadora de la Secretaría de Cultura de Envigado. También anuncia que en marzo comienza el programa de formación artística y cultural, con una oferta que incluye clases de manualidades, de baile, música y pintura. Habrá espacios habilitados para exposiciones y para la actividad teatral, para que estos grupos avancen con los ensayos y los programas de formación, incluidas presentaciones al público.

Testigo ardiente

Casa vieja que se respete tiene espanto propio. En este caso, el historiador se refiere a “discretas presencias”, persistentes antes de la restauración, atenuadas luego. Sombras que se desplazan, ruidos de origen difuso, objetos que cambian de lugar… pero nada “del otro mundo”. El profesional Gaviria explica que “en la casa se siente una energía muy fuerte pero muy amable, muy bella, porque quienes vivieron aquí fueron muy útiles para su sociedad, muy generosos desde sus saberes. Esa historia está impresa en la casa”.

Y dejamos para el final a un “viviente” con más de 150 años como testigo de la historia grande de esta casa: el imponente árbol de madroño, de unos quince metros de altura y 50 cm de diámetro, que ocupa un extremo del patio interior, desde donde “lo ha visto” todo: le ofreció su sombra y su pulpa blanca a Manuel Uribe Ángel, a Débora Arango, a Francisco Restrepo Molina. Este “viejito verde” no deja de pintarse de amarillo con sus carnosos frutos. Tanta fama acumulada, que la Secretaría del Medio Ambiente lo mima como lo que es: un árbol patrimonial de Envigado así no exista acto administrativo que lo consagre como tal. 

En diciembre de 2016 se incendió una fracción del techo de la casa, en pleno proceso de restauración. Y ardió el inmóvil guardián de la heredad. Por su tronco desnudo de corteza entraron insectos a dañar los tejidos del árbol; la Secretaría empezó a controlarlos, a fertilizar el madroño y a aplicarle capas cicatrizantes. Agustín Gutiérrez Henao, director de Ecosistemas y Biodiversidad, explica: “Que permanezca estable, vivo hasta hoy, con su follaje verde, es buen logro, porque se quemó un tejido que no es reversible”. Agrega que han realizado procesos de fertilización en el empedrado de la casa, y mantienen el control sobre plagas y parásitos.

De lejos se aprecia la tupida copa del viejo árbol, imponente sobre los tejados, guardando secretos, leyendas, y la historia dilatada de la casa grande que alberga parte de la vida cultural y artística de la Ciudad Señorial. ¡Y cargado de madroños!

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