A Medellín se le ha cantado desde muchas esferas, desde la parte guapachosa de la música tropical, desde la salsa con Fruko y Galé por delante, desde nuestros ancestros de la música de cuerdas, pero tal vez no hay una propuesta más consistente y comprometida que la del Grupo Suramérica.
Ha sido medio siglo de cantar y cantarnos, de proponer, sanar y acompañar, palabras que pueden sonar a cajón, pero que realmente muestran la realidad de un grupo que desde 1976 decidió alejarse de la llamada música protesta y hacer la música que desde la conciencia colectiva creyeron mejor y necesaria para su ciudad. Y en el camino se volvieron símbolo y referente, los últimos guardianes de la nueva canción latinoamericana, como los han denominado sus pares en el continente.
No es difícil encontrar en cualquier persona de Medellín alguna historia con Suramérica, por sus versiones de temas como Polvo en el viento que llegaron a poner en Veracruz Stéreo, por ser la banda sonora de su adolescencia, por algún concierto grande o pequeño, por un casete o un Cd que llegó con su música, porque los vieron en su barrio o en un centro comercial, en El Retiro o en la Villa. A quien se le pregunta valora su propuesta, su constancia, sus ganas de sumar desde la canción.
Y es que con ellos eso del poder transformador de la cultura se hace evidente. Muchos testimonios de personas cuentan que aprendieron a tocar guitarra con su música o los inspiró a cambiar su pensamiento, a ser mejores personas, a vivir en conciencia. Suena retórico, pero es verdad, el Grupo Suramérica ha cambiado vidas.
Y siguen tan comprometidos como desde el momento que cantaban Sólo le pido a Dios o Sobreviviendo, hasta una de las últimas canciones de Juan Berdugo, Caja pa’l muerto que habla de un líder social asesinado que dejaron varios días en la plaza de un pueblo de Antioquia para que la gente tomara escarmiento.
Lo más loable es que los integrantes del Grupo no reciben un solo peso por su trabajo. Todos son profesionales en otros oficios, algunos ya jubilados, pero ellos desde los años 80 se constituyeron en entidad sin ánimo de lucro y cuando cobran es para reinvertirlo en instrumentos, logística, y nuevos proyectos, pero sus integrantes no reciben nada por esta inmensa labor, todo es por amor al arte, por amor a la música, algo suis generis, tal vez por ese el por qué de su permanencia.
Y en la época de violencia Suramérica estuvo en los barrios de Medellín y el día de la bomba del Lleras al otro día estuvo allí para dar un concierto sanador, y los violentos los han bajado de la tarima y sin embargo ellos persisten, porque son convencidos que una canción puede cambiar el mundo.
Ya son 50 años, cerca de 40 músicos han pasado por su nómina, buena parte de los municipios de Antioquia han sido visitados, 24 discos, han ido 2 veces a Cuba, una a Estados Unidos, en México tocaron en el imponente Palacio de Bellas Artes, lugar destinado para los más grandes; y también estuvieron en Cosquín, Argentina, el festival más grande de la música latinoamericana, rindiendo un homenaje a Mercedes Sosa en su casa.
Y en su palmarés prácticamente han cantado o alternado con todas las grandes figuras de su género, y han hecho proyectos gigantes sincronizando a los cantantes en Cuba o Argentina con ellos en vivo o haciendo montajes con orquestas sinfónicas, ballets y coros y reuniendo en una plaza 10 mil o más personas.
Esa es una labor cultural desarrollada a fondo, ese es un compromiso de vida que a muchos de sus integrantes les ha llevado más de la mitad de sus vidas, ese es un reconocimiento que no debería pasar desapercibido por la cotidianidad que invisibiliza lo constante y extraordinario.
Un aplauso de pie y sostenido para un grupo que sabe hacer su labor, que cada día trata de profesionalizar más su trabajo escénico, que no se cansa de cantar nuestras realidades, nuestros amores, nuestros sueños y frustraciones y que le apuesta a la renovación con un grupo de personas que van desde los 24 hasta los 70 años y en otros tiempos tuvieron chicos hasta de 14 años.
Ellos se volvieron otra de las grandes instituciones orgullo de Medellín, Antioquia y Colombia. Ellos son esos ejemplos positivos de vida, que desarrollan una labor con propósito, que no usaron el arte para vanagloriarse, enriquecerse o mucho menos para el ego. Lo hicieron para ser y ayudar a ser mejores seres humanos. Felices 50, Grupo Suramérica, felicitaciones a su público.
Ellos son de esos artistas imprescindibles que hacen la vida un poco mejor.





