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¡6 años y siguen resonando!

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Por: Juan Carlos Franco
 
 
Esta columna mantiene desde hace casi cuatro años una campaña en contra de la estupidez. Especialmente la que tiene que ver con obras públicas en la comuna de El Poblado. Con dos simples objetivos: Que se hagan las cosas bien, no de manera torpe e improvisada; y que se respete a los usuarios, que son quienes finalmente las pagan y –valga la redundancia- las usan.
Al menos una vez al año me siento obligado a referirme a los famosísimos 19 resonadores de la Loma de Los Balsos, arriba de la Superior. Dizque reductores de velocidad, ¡qué buen chiste! Llevamos ya 6 años sufriendo las consecuencias de esta “obra”, ideada y construida durante la administración de Luis Pérez.
6 años de dañar vehículos, 6 años de generar ruido insoportable para los vecinos, 6 años de no reducir la velocidad de casi nadie… y 6 años de total y absoluta indiferencia de las distintas administraciones municipales (y de concejos y juntas administradoras locales) para enfrentar este problema como se debe y resolverlo.
He visto con interés y curiosidad que en días recientes se están recogiendo firmas de ciudadanos -vecinos y usuarios en general- para pedirle, suplicarle a la administración que los elimine. Me informan que esperan recoger más de 2.000 firmas, con lo cual probablemente la Alcaldía se dé por aludida y proceda a hacer algo.
Excelente que esto ocurra, pero se basa en una lógica perversa: “Si no se nos queja una cantidad suficiente de personas (incluyendo nombre, firma y cédula, cosa no tan fácil en esta época), debe ser que la obra es buena y entonces no es obligación hacer nada”. ¿Se necesitará un referendo a nivel nacional, acaso, con participación mínima del 25% del censo electoral?
Como si no fuera suficientemente obvio que la “obra” es un adefesio y que afecta de forma muy negativa a la comunidad… como si los funcionarios de la Alcaldía no tuvieran criterio propio o autoridad para corregir errores, incluso si fueron hechos por una administración anterior.
No deja de ser frustrante, a propósito, que las muy prestigiosas empresas situadas a lo largo de la loma parecen ser indiferentes frente al tema. Cuesta creer (¿o tal vez no?) que los funcionarios y gerentes de Isa y Une, que suben y bajan por ahí todos los días, se hayan acostumbrado a este monumento a la mediocridad y la vean como parte del paisaje.
Bueno, tampoco parecen haber asumido liderazgo alguno en el tema de las aceras de esta loma, que son las peores de todo El Poblado: Estrechísimas, discontinuas y llenas de obstáculos (postes, cables, huecos, ¡lo que quiera!). Los empleados, clientes y prestadores de servicios de estas empresas que no llegan en carro se ven obligados a subir o bajar por la propia vía, teniendo que esquivar a los vehículos, que circulan no propiamente a baja velocidad.
Señores de Isa y Une, ustedes que se precian de su total orientación al cliente, ¿no piensan ustedes que es parte elemental de un buen servicio hacer lo posible para que el acceso a sus propias instalaciones sea fácil y seguro? Tal vez con unos aportes monetarios muy pequeños, en total coordinación con el Municipio (dueño de una de ellas), ¿no será que se puede lograr el milagro?
¿O nos tocará a los ciudadanos particulares seguirnos quejando, solos como para variar?

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