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El primero francés, el segundo inglés… al paso que van, pronto serán colombianismos. No sé cuál será la razón sicológica, sociológica o más aún, científica, de la que saca beneficio el mercadeo -más reconocido como marketing- al utilizar este par de vocablos extranjeros para calificar cuanto alimento se le atraviese haciendo de sus significaciones un universo de acepciones. En cuanto al primero, voy a transcribir literalmente un pequeño párrafo del artículo que sobre este mismo tema escribió mi colega María de Jesús Jesús en el último número de la revista La Barra (especializada en temas gastronómicos) en donde afirma: “ Estoy muy impresionada con la tergiversación de la palabra “gourmet”, pues todos los días en la prensa, la televisión, las cartas de los restaurantes, los clubes, los almorzaderos de a peso o los delikatessen, las panaderías y los bares y los cafés y los chocolates y los cigarros y las pastelerías y … fiestas de beneficencia y escuelas de cocina y … ofrecen platos, viandas, y servicios “gourmet” como si fuera el único término disponible en el diccionario -de lengua francesa- para connotar la comida o excelentes productos con esta palabrita que se está literalmente prostituyendo de manera triste, lo que encuentro lamentable, porque ser gourmet es ser gourmet”. Nada tengo que añadir a este comentario, pues coincido de cabo a rabo con mi comadre María de Jesús Jesús y por lo tanto solo me resta decir que al paso que vamos pronto estaremos diciendo ¡que tragedia más gourmet!
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