En Colombia atravesamos una crisis profunda en el sistema de salud, producto de decisiones políticas equivocadas acumuladas a lo largo de los años y agravadas en la coyuntura actual. Esta situación golpea a toda la población, pero con mayor fuerza a quienes tienen menos recursos y mayores dificultades de acceso a los servicios.
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En este contexto, la reforma de salud propuesta inicialmente por la exministra Carolina Corcho y luego continuada por el ministro Guillermo Jaramillo, puso nuevamente sobre la mesa la importancia de los Equipos Básicos de Salud (EBS), reglamentados en la Resolución 2275 de 2023 del Ministerio de Salud. Aunque algunos los asocien únicamente al actual gobierno, lo cierto es que los EBS hacen parte de una política global de largo aliento: la Atención Primaria en Salud (APS).
La APS tiene como objetivo reducir las brechas en el acceso, prevenir enfermedades y garantizar diagnósticos tempranos. Más allá de lo asistencial, se centra en educar en salud, promover hábitos de vida saludables y detectar a tiempo enfermedades de alto impacto como las cardiovasculares, que generan altos costos tanto para el sistema como para la calidad de vida de los pacientes y sus familias.
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El concepto no es nuevo. La Declaración de Alma-Ata (1978), organizada por la OMS y UNICEF, marcó un hito con cinco acuerdos fundamentales:
- La salud como derecho humano.
- La responsabilidad de los gobiernos en garantizarla.
- La Atención Primaria como estrategia esencial.
- La participación activa de la comunidad.
- La cooperación internacional.
Todo esto bajo la meta de lograr la “Salud para Todos en el año 2000”, antecedente directo de los actuales Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Desde entonces, distintas iniciativas han renovado y fortalecido este enfoque, como la APS renovada en 2005, las reformas basadas en APS en 2008 y en Colombia, la Resolución 3280 de 2018, que orienta la atención según el ciclo vital, desde la infancia hasta la vejez.
Hoy, los EBS son una realidad visible en muchos territorios. Seguramente, más de uno ha visto a los profesionales con el logo de misión médica visitando hogares o comunidades. Estos equipos suelen estar conformados por médico, enfermera jefe, auxiliar de enfermería, gestor comunitario, nutricionista y psicólogo. Cada uno busca aportar desde su conocimiento a la construcción de un sistema más equitativo y cercano.
Es importante resaltar que los EBS enfrentan retos inmensos. Su éxito depende de una articulación efectiva con las EAPB, los entes territoriales y otros actores del sistema para realmente acortar las brechas de acceso. Esto requiere liderazgos más activos, tanto políticos como comunitarios, y la participación de la sociedad en general como veedora de esta estrategia.
Es cierto que la implementación se da en medio de tensiones políticas y con múltiples cuestionamientos al gobierno actual. Sin embargo, más allá de la coyuntura, la pregunta central es:
¿queremos seguir quejándonos de lo que no funciona o ser parte de una transformación en salud que nos beneficie a todos?
La invitación es a mirar los Equipos Básicos de Salud no como una bandera partidista, sino como una estrategia colectiva. Al final, los financiamos con nuestros recursos y son una oportunidad real para avanzar hacia un acceso más justo, equitativo y oportuno a los servicios de salud, en lo físico, mental y social.
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