Elogio de lo colectivo

Fernando Carvajal Sánchez
Por Fernando Carvajal Sánchez / Opinión

El término idios, “privado” tenía una carga semántica negativa y era utilizado para aquel que se dedicaba a sus asuntos particulares, pasando por alto las cuestiones que afectan a todos.

Rafael Santos Borré es un futbolista con mucha movilidad, aprovecha los espacios libres y es generoso en el esfuerzo. Cuando se requiere, conserva el balón mientras espera a sus compañeros. Hace tantos goles como asistencias. Dentro del área de 16,50, o cerca de ella, una de sus virtudes es saber si conviene jugar individualmente o si es preferible ceder el balón.

Esta cualidad del delantero es una metáfora del equilibrio necesario entre lo individual y lo colectivo. Actualmente, las sociedades occidentales privilegian la competición sobre la cooperación. Desde pequeño, se inculca al niño que debe sobresalir en clase, ser el mejor del equipo…

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En un clásico de psicología intercultural publicado en 1951, Otto Klineberg cuenta una anécdota protagonizada por una maestra anglosajona que trabaja entre los Hopis de Arizona. Como los niños de esa comunidad rehúsan competir entre sí, ella considera que es su deber enseñarles. Para ello escribe en la pizarra problemas aritméticos de dificultad equivalente. Frente a cada problema sitúa un niño que debe resolverlo y darse vuelta tan pronto termine. En lugar de cumplir la consigna, cada niño que va encontrando su solución respectiva echa un vistazo a lo largo de la línea para ver en dónde andan sus compañeros; solo cuando cada uno ha terminado, se vuelven todos juntos, a la vez; así, ninguno pasará la vergüenza de ser el último.

En el mismo sentido, la palabra latina humanitas evocaba la capacidad de los humanos para ser sociables y la disposición a ayudarse los unos a los otros. En Roma esa calidad era moldeada por la educación: se enseñaba a los niños a ser solidarios.

Igualmente, en griego antiguo el vocablo idios, significaba “privado”. Privilegiar sus propósitos no era una actividad apreciada. Por el contrario, este término tenía una carga semántica tan negativa que la palabra “idiota” (desposeído de razón), deriva del término utilizado para aquel que se dedicaba a sus asuntos particulares, pasando por alto las cuestiones que afectan a todos.

También la palabra ubuntu, de origen africano, designa una filosofía según la cual una persona se define prioritariamente en función de su relación con los demás.

En Santos Borré se manifiestan las culturas de las que, como colombiano, él es heredero: amerindia, grecolatina, por vía de los colonizadores, y africana. Como sociedad es indispensable reivindicar la cooperación, lo colectivo, el bien común, buscando recuperar el equilibrio perdido frente a los intereses individuales.

PS: Mil gracias a John López por su relectura.

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