La zarzuela El vizconde de Francisco Asenjo Barbieri se presenta en el país tras dos siglos de su estreno. La propuesta escénica es una coproducción transatlántica entre Europa y América Latina, que se presentará en Bogotá y Medellín. El vizconde es una de las zarzuelas
cómicas —género de teatro musical español que mezcla música, danza y fragmentos cantados— del compositor Francisco Asenjo Barbieri, estrenada en la década de 1850. Dos siglos después, llega a Medellín el 5 de marzo al Teatro Metropolitano.
En esta nueva versión, dirigida por el director escénico Alfonso Romero, El vizconde se convierte en una telenovela de época que se entrelaza con Gato por liebre, otra obra de Barbieri, creando así una única dramaturgia caracterizada por la brevedad, la crítica social y un lenguaje popular. “Tanto la zarzuela del siglo XIX como las telenovelas tienen muchos puntos en común porque tratan temas sociales, es un reflejo, es un espejo de la sociedad del momento y por eso enganchan tanto y son tan atractivas al público general”, explica el director Alfonso Romero.

Gato por liebre originalmente es un entremés —pieza breve y cómica que se representa entre actos de una obra más extensa—, pero en esta ocasión, es tomada como un marco desde el cual se interpreta El vizconde. Es decir, la obra se sitúa en un barrio acomodado de Madrid en los años 70, protagonizado por dos viudas de clase alta que añoran los viejos tiempos de privilegios y donde sus títulos nobiliarios representaban poder. En medio de esa nostalgia, aparece El vizconde como una telenovela de moda, vista por los personajes de Gato por liebre.
“Tanto la zarzuela del siglo XIX como las telenovelas tienen muchos puntos en común porque tratan temas sociales, es un reflejo, es un espejo de la sociedad del momento y por eso enganchan tanto y son tan atractivas al público general”. Alfonso Romero, director
Además del drama, la comedia y la crítica, ambas piezas comparten el travestismo teatral, un recurso escénico que propone como un juego los roles de género. “Es un elemento que refuerza esa comicidad que se suma a la ambigüedad de la participación y de la personificación de roles, porque no solamente los cantantes de esta producción cambian de sexo, sino que durante la producción cambian de rol, cambian de personaje”, afirma Romero.





