En El Poblado, donde el ritmo urbano convive con el verde de la montaña, hay un lugar que, además de ofrecer espacios amenos, experiencias de entretenimiento y una variada oferta comercial, decidió hacerse una pregunta clave: ¿qué impacto deja el ser humano cada vez que consume, se moviliza o simplemente habita un lugar?
La respuesta, en El Tesoro Parque Comercial, se presenta en una apuesta que va más allá del discurso. Desde 2014, Tesoro Consciente se ha consolidado como un programa que busca coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. No se trata solo de cumplir normas, sino de repensar la operación diaria y, sobre todo, de involucrar a quienes pasan por allí.
“Cuando uno es consciente, entiende el impacto positivo o negativo de cada una de sus acciones”, explica Andrea González, directora de Mercadeo y Comunicación, al resumir el espíritu de una estrategia que no solo transforma la operación, también la manera en que las personas se relacionan con su entorno.
El programa articula acciones en energía, agua, residuos, biodiversidad y educación. Gracias a este enfoque, el parque comercial ha logrado medir, mitigar y compensar su huella de carbono, alcanzando la certificación de carbono neutro por tercer año consecutivo. Pero más allá del reconocimiento, el reto ha sido otro: lograr que esa transformación también ocurra en las personas.
Porque aquí la sostenibilidad no solo se explica en términos técnicos. Se complementa con decisiones simples: cerrar la llave, separar residuos, elegir cómo moverse o automatizar la energía en diferentes lugares en el parque comercial, según los momentos del día.

Espacios como la Zona de Servicios Sostenibles, las campañas pedagógicas y las alianzas con organizaciones permiten que esa conciencia no se quede en el parque comercial, sino que viaje de regreso a los hogares.
“Lo que nos diferencia es ese compromiso y esa coherencia entre lo que mostramos y lo que realmente hacemos”, señala Lorena Gutiérrez, jefe ambiental, al referirse a una apuesta que busca trascender el discurso y materializarse en acciones concretas.
Abril se convierte en un momento clave para El Tesoro, al concentrar sus esfuerzos en compartir resultados, aprendizajes y retos a través de la Feria de Sostenibilidad. Más que una exhibición, este espacio conecta iniciativas, visibiliza soluciones y reúne propuestas de movilidad limpia, productos responsables y experiencias educativas que invitan a los visitantes a preguntarse, desde lo cotidiano, cómo reducir su impacto sin dejar de vivir la ciudad.
Quizá la mayor apuesta de El Tesoro no está en sus cifras, sino en su intención de convertirse en un lugar que educa y aplica. Un espacio donde la sostenibilidad deja de ser un concepto abstracto o tendencioso y se convierte en una experiencia cotidiana.
Una sostenibilidad que se construye en red
Tesoro Consciente no funciona solo. A través de alianzas con organizaciones como Botellas con Amor y Fundación Saciar, los residuos se transforman en parques infantiles y proyectos sociales. Así, la sostenibilidad deja de ser un esfuerzo aislado y se convierte en una construcción colectiva que impacta tanto al territorio como a sus comunidades.





