La ausencia de discursos locales bien escritos y que tengan ideas novedosas o inspiradoras nos lleva a algunos a buscar estos elementos en discursos pronunciados fuera de estas fronteras. Y en esa búsqueda constante apareció uno reciente: el emitido por el filósofo coreano Byun – Chul Han, quien vive en Alemania desde hace varias décadas y cuyas reflexiones sobre la sociedad moderna se han quedado en la vida de muchas personas.
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Hace unos días, este pensador visitó Asturias, España, un lugar donde cada año se entrega el Premio Princesa de Asturias que reconoce los aportes de muchas personas alrededor del mundo.
La reflexión de Byun – Chul Han aplica para ciudades como Medellín donde muchos creen que el respeto se gana o que lo otorga el estrato.
En esta oportunidad, este hombre se convirtió en galardonado por su aporte a las comunicaciones y a las humanidades.
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El discurso pronunciado, como en ocasiones anteriores, se convierte en una oportunidad para que las personas nos miremos mejor e intentemos entender qué pasa:
“Últimamente he reflexionado mucho sobre la creciente pérdida de respeto en nuestra sociedad. Hoy en día, en cuanto alguien tiene una opinión diferente a la nuestra, lo declaramos enemigo. Ya no es posible un discurso sobre el que se base la democracia. Alexis de Tocqueville, autor de un famoso libro sobre la democracia estadounidense, ya sabía que la democracia necesita más que meros procedimientos formales, como son las elecciones y las instituciones. La democracia se fundamenta en lo que en francés se llama moeurs, es decir, la moral y las virtudes de los ciudadanos, como son el civismo, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto. No hay lazo social más fuerte que el respeto. Sin moeurs, la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato. Incluso las elecciones degeneran en un ritual vacío cuando faltan estas virtudes. La política se reduce entonces a luchas por el poder. Los parlamentos se convierten en escenarios para la autopromoción de los políticos. Y el neoliberalismo ha creado ya una gran cantidad de perdedores. La brecha social entre ricos y pobres se sigue agrandando cada vez más. El miedo a hundirse socialmente afecta ya a la clase media. Precisamente estos temores son los que lanzan a la gente hacia los brazos de autócratas y populistas”.
Esta falta de respeto de la que habla Byun – Chul Han la vemos en las calles de nuestro barrio, en las empresas que exigen sin consideración, en la gente que celebra sin medir el ruido, en los conductores que ignoran los pasos peatonales o en los gobernantes que se dejan provocar y responden con insultos.
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También la vemos en quienes no cumplen promesas, en quienes nos inundan de información, en quienes solo aparecen para pedir favores. El respeto es entender la dignidad de alguien y más allá de su estrato, género o una posición social, tener en cuenta su humanidad y actuar con base en ella. Y esa falta de respeto que se ve en lo más simple se traslada a lo mayor. Y nos corresponde, a cada uno, darlo y pedirlo. Antes de que lo opuesto se convierta en costumbre y ley.





