Un mal comienzo

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El programa Buen Comienzo, que nació hace 17 años, como una manera de propiciar ambientes sanos y adecuados para los niños de Medellín, ha presentado en los últimos dos años resultados muy deficientes. Un llamado de atención que comparte el concejal Luis Bernardo Velez con los lectores de Vivir en El Poblado.

Dicen los expertos que los primeros siete años de vida de una niña o un niño son definitivos para sentar las bases del desarrollo individual. De las experiencias vividas en casa, en la escuela y en el entorno cercano, dependerá el desarrollo de sus habilidades motoras, de lenguaje, sociales y creativas; el desarrollo de su inteligencia emocional, lógica y social. Y, por supuesto, del amor de sus padres y las personas más cercanas, dependerá su autoestima, tolerancia y resiliencia. 

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Todo evento traumático que se viva en la Primera Infancia se quedará en la memoria, y, muy seguramente, afectará a futuro las relaciones tanto personales, como profesionales y afectivas de los niños y las niñas, si no se tramitan de manera adecuada. 

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Por estas razones, el cuidado de los niños y las niñas no es un asunto que le competa exclusivamente a la familia, sino también al Estado. De la buena educación, de las oportunidades, del afecto, y de las posibilidades de vivir y crecer en espacios adecuados y seguros, depende la salud mental y la productividad de las sociedades futuras. De esas buenas experiencias depende que logremos construir un futuro más humano. 

Está comprobado que en ambientes sanos, adecuados, protectores y amorosos, la inteligencia tiene mayores posibilidades de desarrollarse, al igual que aptitudes como la aceptación, la compasión, la tolerancia a la frustración, y la empatía.

Estas, y muchas otras razones, motivaron la creación, hace 17 años, del programa Buen Comienzo en Medellín. Uno de los más destacados y reconocidos, no solo a nivel regional, nacional e internacional, por su innovadora manera de abordar el cuidado y la protección de los de niños y niñas pertenecientes a las poblaciones más vulnerables de la ciudad, bajo una estrategia integral de nutrición, atención psicosocial, y pedagógica.

Era una necesidad urgente, y una obligación del Estado, ofrecerle a la niñez las oportunidades que las anteriores generaciones no tuvieron, y empezar a sanar el dolor que nos había dejado la triste historia de los años 80 y 90. 

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Pero en los últimos dos años los resultados de este programa, al que el Concejo de Medellín le aprobó para este cuatrienio un presupuesto histórico, de más de 800.000 millones de pesos, son muy deficientes, y lo que se viene dilucidando es un desmejoramiento de la calidad del servicio, incluyendo los lentos trámites en las contrataciones, la improvisación, la débil calidad de la interventoría del programa y la precaria selección del personal directivo, profesional y auxiliar que han puesto en riesgo la atención y protección miles de niños y niñas. 

Si bien todo puede mejorar, no tiene presentación que entre 2016 y 2019 la meta de atención se haya calculado en 78.500 niños y niñas de entre 0 a 5 años, y se logró atender 82.650. Mientras que en la actual administración, la meta para 2020 es de 73.000 y fue menor a la de 2016 (75.858), y además con un resultado por debajo de lo planeado, 68.714 atenciones. 

Lo que implica que el porcentaje de atención disminuyó, de 81.8% en 2019, a 71% en 2020. 

A estas falencias en la ejecución del programa, que además muestra retrasos en los avances de las obras de construcción de tres sedes (Loreto, y los corregimientos de San Antonio de Prado y San Sebastián de Palmitas), se suman los más de 22 presuntos casos de abuso sexual en niños y niñas del Centro Infantil de Santa Cruz. Un tema grave que nos debe doler como ciudad.

El Concejo aprobó una partida que es más del doble de la invertida en la administración anterior, que se hizo con el propósito de darle un Buen Comienzo a nuestros niños y niñas de la ciudad. Y lo que estamos viendo es un Mal Comienzo. 

Es decir, no estamos hablando de menuda. Este programa, que pasó en esta administración a ser una Unidad Administrativa Especial, para atender de manera integral a los niños y niñas de los sectores más desfavorecidos, debe cumplir con los estándares más altos de calidad.

Es responsabilidad de la Administración Municipal revisar, de manera urgente, las falencias y corregir los errores que se han cometido. ¡La niñez de Medellín exige que se le ofrezca una excelente atención y protección, y no hay excusa alguna para no hacerlo!

Por: Luis Bernardo Vélez Montoya
Concejal de Medellín

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