Una de las experiencias más profundas y vitales del ser humano es el cuidado, incluso se le atribuye el desarrollo de la misma civilización. Es la Dra. Margaret Mead, quien evidenció que el primer gran adelanto no fue tal vez las herramientas, sino el cuidado, al develar un fémur roto que fue curado. Su conclusión fue que, a esa persona alguien la cuidó y la protegió haciendo posible no solo su salud, sino su vínculo con la comunidad; es el paso inicial a una nueva cultura, entre lo social – comunitario, lo ético y lo moral.
Sobre esta base inicial del cuidado, dicha palabra tiene un uso polisémico. Moreno centra la atención en la raíz “coidar” y cogitare que sería pensar, es decir, reflexionar y dar sentido. Otra raíz es “colerae”, que es propiamente cuidar, cultivar, construir o edificar. La RAE, trae el cuidado en doble línea la de proteger al otro y el dejarse cuidar, incluyendo temas de salud.
Si bien las anteriores raíces dan una pista de su significado, hay una expresión griega que permite pensar en el cuidado de modo integral, y es el concepto “epimeleia” (ἐπίμέλεία) y “heautou” (ἑαυτοῦ). El primer término, (epimeleia) significa cuidado, solicitud de algo, pero más importante para la intención de este escrito, significa también gobierno, dirección, práctica o estudio, y el segundo término (heautou) significa, sí mismo, por tanto, la traducción de “epimeleia heautou” (ἐπίμέλεία ἑαυτοῦ) sería cuidado de sí mismo, pero también gobierno de sí, o práctica o estudio de sí mismo” (Vallejo, 2024).
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Con estas notas iniciales el cuidado implica comunidad y relación. Es un esfuerzo permanente no solo angustioso como lo plantea Heidegger, sino la vivencia de la entrega al otro o a lo otro. Bien lo describe Calípari, que el cuidado implica el hacerme cargo; es decir, un deber moral de cuidarse y protegerse desde lo orgánico, lo psíquico, lo socio ambiental y lo ético espiritual.
Queda dicho entonces que el cuidado implica al ser humano en relación, consigo mismo, con los demás y con el medio ambiente. Raimon Panikkar, indica algunas notas sobre el cuidado. El cuidado implica una participación integral de la persona, no solo racional, sino afectiva y espiritual. Se trata de una relación de reciprocidad entre el ser humano y el mundo, donde ambos se nutren y se transforman. Y tercero, el cuidado está basado en el respeto y la compasión hacia la naturaleza y hacia los demás seres. Se cuida lo que nos une, lo común, el otro, la cultura, la democracia y el medio ambiente por medio de una ecología práctica integral. Se cuida lo que da sentido y es a la vez sentido, dando una nueva idea de las relaciones humanas. Ante la crisis del cuidado, de los vínculos, de la protección del medio ambiente y de la democracia, se requiere una nueva cultura, la del cuidado, del culto y del respeto, que va unido al hombre como lo indica Byung – Chul Han en su texto el En el enjambre.
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El cuidado visto desde estas notas implica tres dimensiones:
La primera, es en la dimensión personalista y la esfera de salud. Se cuida el cuerpo, y del otro en su cuerpo, incluyendo dos realidades la espiritual y la moral. La primera, nos orienta hacia la trascendente, hacia el sentido último del ser, y la segunda, permite orientar los actos humanos que complementan el significado desde las relaciones con los demás.
La segunda dimensión, es el cuidado de la casa común. Desde que Ernst Haeckel presenta la ecología, habla de las interrelaciones de los seres vivos entre sí y con el medio ambiente. Esto implica la conciencia y nueva forma de ver al mundo que nos rodea desde lo ambiental, lo social y lo mental. “El ser humano es parte del todo natural en que las relaciones incluyen la justicia ecológica” (Uribe, 2017, p.49). A esto el Papa Francisco recuerda la conexión entre el cuidado del medio ambiente pero también la justicia social, pues es ver y cuidar a los más vulnerables, por ello una cultura del cuidado implica lo personal y comunitario.
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La tercera dimensión del cuidado es la democracia. El modo más directo de cuidar las relaciones sociales y de la cultura es la democracia. Esta permite un nosotros debido al bien común, no solo del buen gobierno, que reta la cultura de la individualidad y de lo meramente digital (homo digitalis – Chul Han). Cuidar la democracia, es conservar la participación libre de ideologizaciones, donde el respeto prima sobre la imposición de ideas, donde el bien común, libera las ideas de nuevas participaciones, donde lo político recupera la esfera de un nuevo ciudadano.
Finalmente, si la democracia implica la fuerza y gobierno del pueblo, exige una nueva cultura y educación del cuidado, no solo de las relaciones, sino de los intereses más concretos de la persona humana, entre ellos la participación en los procesos sociales, en proyectos de protección del medio ambiente, donde la verdad y el respeto saltan a la vista, primando sobre intereses o modelos meramente económicos o de poder que sustituyen la misma verdad. Si bien, el título hace mención del cuidado integral, invoca esa idea de agregar a la persona humana aquellos valores y principios que le hacen ser en una triple relación, consigo mismo, con el otro y con el medio ambiente.
Referencias:
- Francisco, Papa ( 2015) Laudato Si´. San Pablo.
- Han, B. (2014) En el enjambre. Herder.
- Han, B. (2022) Infocracia. Taurus.
- Panikkar, R. (1999) La Intuición cosmoteándrica. Las tres dimensiones de la realidad. Trota
- Uribe, A. (2017) Cultura y Espiritualidad. UPB.





