Si hay alguien que sobresalió en el reciente título de Paisas, en la Liga Profesional de Baloncesto, fue Andrés Felipe Carmona, y mucho más que los jugadores extranjeros o los otros nacionales. Lo hizo no solo por sus habilidades y efectividad para el deporte de la pelota naranja, también el nacido en Rionegro, Oriente de Antioquia, brilló por ser “buena persona”, por interesarse por el otro, por cuidar no solo el buen juego, sino también la imagen a proyectar para las futuras generaciones.
Su historia ha sido como la de muchos en las ligas profesionales colombianas. Horas y horas de entrenamiento individual como amateur. Soñando con ser jugador profesional. Aprovechando todas las oportunidades posibles para “mostrarse”.
En algunas ocasiones, con pocos recursos y muchas ganas. Hasta que el esfuerzo personal cobra valor al ser llamado a integrar un equipo “de mayor nivel”. Es ahí cuando la vida demuestra que bien valen los esfuerzos para lograr lo que siempre se soñó.

Fue Rionegro Horizontes el club deportivo en el que Andrés Felipe Carmona inició su formación, con tan solo seis años. Él recuerda que allí aprendió no solo algunas habilidades necesarias para el baloncesto, sino también a ser resiliente, entregado y a luchar por superarse cada día.
1 marca creó Carmona, Stay Hungry Mindset, con ella invita a jóvenes y niños a mantenerse hambrientos por alcanzar sus sueños.
Su amor por el deporte de la canasta lo inspiró, inicialmente, su mamá, Lina María, quien también llegó a jugar baloncesto. Y aunque en su infancia probó otros deportes, entre ellos fútbol, BMX y ultimate, solamente en la disciplina del básquet Carmona halló un motor de vida.
Con su 1.90 m. de estatura, este deportista busca ser cada vez “mejor persona”. Y no solo crecer más e inspirar a los niños del Oriente, sino a todos los futuros deportistas de Colombia.
“Me quiero enfocar mucho en los niños, para que ellos también puedan ver que es posible poder llegar a donde se quiere, a donde se sueña”, dice.
Realmente, Andrés Felipe sabe inspirar, “de Rionegro para el mundo”, porque sus sueños no se quedan aquí. Él se visualiza jugando en las ligas europeas, próximamente, a las cuales siente que su lectura del juego y versatilidad le llevarán a aportar mucho.
“Mi parte espiritual la he incluido mucho en mi juego y en mi vida personal y profesional. Hoy quiero inspirar así a todos los niños que disfrutan este deporte”, cuenta el jugador.







