Cuando la música cambió aplausos por likes

¿Qué ha pasado con la llegada de las plataformas digitales en la música?
Por: Opinión
8 noviembre, 2025
Juan Carlos Mazo
Por: Juan Carlos Mazo. Comunicador social-periodista, con amplia experiencia en los medios nacionales y la comunicación organizacional.

Todo en la vida cambia, y en cada cambio se busca mayor productividad. En ese ir y venir, la música vive tiempos en los que pasó de ser un producto artesanal a convertirse en un producto industrial más: impoluto, empacado al vacío y con todas las normas de calidad… pero.

Alejo Durán fue viral sin necesidad de Facebook. Freddie Mercury aún es tendencia sin TikTok. Astor Piazzolla marcó el camino del tango y a su música le sobran los “me gusta”. Para ellos —y para muchos otros— la recompensa eran los aplausos, no los likes. Su verdadera medida de éxito era tocar corazones y conquistar seguidores de la mejor manera: haciendo buena música.

Hasta hace unos diez años, hacer una canción era un logro que reunía inspiración, el talento de un arreglista, la visión de un productor, la magia de un ingeniero de sonido y muchas cabezas pensando en función de una obra. De allí surgieron canciones que, treinta, cuarenta o cincuenta años después, siguen vigentes gracias a sus arreglos de avanzada, futuristas, arriesgados, que no dialogaban con su tiempo, sino que iban más allá, como ocurre con todo gran arte.

Con la llegada de las plataformas digitales, la música entró en una embutidora industrial. Se dictan pautas sobre qué temáticas están en tendencia, de qué hablar y de qué no. Se mide el tiempo de duración —cada vez más corto—, con canciones reducidas a una introducción, dos estrofas, coro y listo. No hay espacio para más. Para sonar, ser comercial, entrar en listas de reproducción y alcanzar el tan ansiado “viral”, hay que cumplir normas: evitar palabras como matar, violencia, asesinato o muerte; evitar pasarse de los 2:30 minutos para no ser castigado por el algoritmo y, sobre todo, no hacer canciones que duren años, sino piezas de consumo inmediato y desecho rápido. Hoy un tema no sobrevive ni seis meses. Clásicos como los de Queen, The Beatles, Richie Ray, Raphael o José José difícilmente tendrían cabida, o habrían tenido que adaptarse.

Además, la música perdió mucho de aquello que la hace grande. Los arreglos son cada vez más simples, le dijimos adiós al virtuosismo. Al paso que vamos, hasta las improvisaciones le van a quitar al jazz. Ya no hay solos de instrumentos como aquel larguísimo de El Ratón, o alguno de Slash o de Mongo Santamaría. Desaparecen los arreglos con varios coros o con coros en diálogo, los cortes rítmicos que sorprendían al bailarín, o las secciones a capela que destacaban un mensaje.

Hoy cualquiera puede grabar una canción en su casa, pero no cualquiera puede hacer una obra maestra. Cualquiera puede pegar un tema, pero no hacerse memorable. ¿Quién recuerda qué canción sonaba hace un año?

Es una pena que la música haya caído en ese embudo donde solo lo comercial importa; donde una y otra canción suenan igual, cumpliendo normas de mercado, con una vida útil de apenas tres meses antes de caer en la obsolescencia programada. En ese sentido, la música se volvió una “tonta útil” de un formato de venta y distribución cuyo futuro desconocemos. Entristece pensar que tantos murieron por cantar una canción o por decir una verdad, y hoy ya no es una dictadura la que censura, sino un algoritmo.

La música perdió sorpresa, misterio, y la noción de un concepto integral que representaba un disco. Está perdiendo arreglistas porque en diez segundos una IA puede generar una canción. Se están perdiendo letristas y, con ellos, la profundidad. Ya no se hace música para pensar, sino para distraer. Hemos privilegiado el entretenimiento sobre cualquier otra función social o artística, y una vez más sucumbimos al mercadeo sobre la esencia, como ha ocurrido en tantas otras industrias.

Hoy un músico no necesita saber de armonía ni contrapunto, pero sí de redes sociales, mercadeo, tendencias y viralidad. Debe entender de motilados, tatuajes, moda, del “personaje” y su arquetipo, de mercados de arte y mil cosas más que antes ni pasaban por la mente.

Los cantores que le cantan a su pueblo son cada vez más escasos porque hoy hay que sonar global. el reguetón nos muestra en la narrativa que hemos venido construyendo desde hace 30 años, la tendencia mafiosa de carros, mujeres, lujos, joyas. Ya un cantante no alcanza el éxito, corona, como los mafiosos, y en ese viaje la esencia de la música como arte es la más damnificada.

Dame like si te gustó.

Buscar

Categorías

Noticias recientes

toto slot slot gacor rans303 slot gacor toto slot SPY77 toto togel https://ppid.karantinaindonesia.go.id/ toto togel https://bto-ao.co.jp/scaleremover/ toto bosjoko PWVIP4D dingdongtogel situs toto ARENA303 bwo99 situs slot JONITOGEL slot 1000 parlay bola situs online toto slot toto slot toto slot toto slot bwo99 bwo99 toto slot toto slot situs toto toto slot toto toto BWO99 parlay agb99 toto slot toto slot toto slot bwo99 toto slot agb99 situs toto toto agb99 8kuda4d slot gacor agb99 situs toto situs toto situs toto toto toto slot toto slot toto slot AMANAHTOTO situs toto Pakde4D slot gacor slot gacor toto toto toto toto toto toto PREMANTOTO Pakde4D premantoto premantoto situs slot jonitogel SlotPoker188 AMANAHTOTO kecak4d slot gacor mataramtoto mataramtoto sohib tikus4d spbu777 SlotPoker188 permata888 premantoto lemon212