Un puente, una quebrada y una vieja deuda urbana en El Poblado 

Una obra en la quebrada La Poblada reabre un debate que El Poblado no ha resuelto: la ocupación de los retiros por parte de privados, los límites del control institucional y la posibilidad —o no— de recuperar esos corredores como espacio público.
Por: María Fernanda Zuluaga Gómez
25 abril, 2026
Fotografía: Vivir en El Poblado

Un puente peatonal previsto para el proyecto inmobiliario Morph Lalinde, sobre la quebrada La Poblada, no solo abre una controversia sobre ese edificio: vuelve a poner en evidencia una discusión más amplia en El Poblado sobre cómo se han ocupado los retiros de quebrada, qué controles existen y qué pasa cuando esos corredores terminan absorbidos por proyectos privados o por las zonas comunes de las unidades residenciales. 

Raúl Molina, abogado y vecino del sector, contó que esta construcción se promociona como un edificio de 29 pisos, con 31 viviendas turísticas, dos locales comerciales y 45 celdas de parqueadero privado. Su preocupación, sin embargo, se concentró en las obras del puente peatonal y su impacto en la quebrada La Poblada, que en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) del 2014 fue identificada como una fuente de riesgo por avenidas torrenciales (flujos y crecientes de agua) que afectan los polígonos de los barrios Manila, Astorga y Patio Bonito. 

“Han ejecutado actividades de excavación, instalación de formaletas y vaciado de columnas en concreto. Lo que se pudo constatar es que están levantando estas estructuras a un metro del cauce de la quebrada, invadiendo la franja de retiro obligatorio”, denunció Molina. 

Los permisos y el alcance de la obra 

El expediente de Morph Lalinde ante el Área Metropolitana del Valle de Aburrá (AMVA) muestra una secuencia de trámites desde 2024 por ocupación de cauce y aprovechamiento forestal: en ocupación de cauce, el permiso se inició en abril de 2024, fue otorgado en agosto y modificado en diciembre del mismo año. En materia forestal, el proceso comenzó en febrero de 2024 y ha tenido autos, autorizaciones condicionadas y requerimientos posteriores. 

Y es que ese puente peatonal no es un detalle menor del proyecto inmobiliario. Según un auto del AMVA, con fecha del 6 de abril de 2026, la estructura -que ya empezaron a construir y que va en un 20% de avance- tendrá 0,80 metros de altura, dos de ancho y 13 o 14 m de longitud. Las columnas de concreto tienen 1,20 m de diámetro y 8 m de profundidad: “Ambas ubicadas por fuera de la sección del cauce”, según la autoridad ambiental. 

La discusión, sin embargo, va más allá de Morph Lalinde. Lo que vuelve a aparecer es un problema de fondo en El Poblado: cómo se urbanizaron los bordes de las quebradas y qué pasó con sus franjas de protección. 

¿Qué dice Planeación sobre los retiros de quebrada? 

Consultado por este medio, el Departamento Administrativo de Planeación señaló que el POT determinó que para el suelo urbano hay “retiros variables que van desde 10 metros a estructuras hidráulicas, 15 m a bordes de canal natural o artificial, hasta fajas máximas desde 60 m, que aplican solo para el río Aburrá – Medellín”.  

Sobre el caso específico de El Poblado, explicó, “evidenciamos puntos críticos de ocupación de estos retiros que, aunque son pocos, generan incidencias tanto en la red de conectividad ecológica, como en la funcionalidad propia de estos retiros”, siendo una de las funciones de estos últimos absorber posibles eventos de crecientes súbitas causadas por lluvias torrenciales.  

Las quebradas que quedaron encerradas 

José Álvarez, coordinador de la Mesa Ambiental de El Poblado, planteó que el problema no siempre fue construir encima del agua, sino ‘privatizar’ la zona de retiro: “Las quebradas son retiros que se deben respetar como zonas públicas y las unidades residenciales las incorporaron como si fueran zonas comunes de ellas”, dijo.  

Según Álvarez, cerca del 60% de los conjuntos residenciales tienen un pedazo de quebrada dentro del predio. Admitió que es un asunto de difícil solución, teniendo en cuenta que gran parte de ellos fueron construidos antes de que se establecieran los retiros. 

Hoy, desde la administración pública se hacen esfuerzos para controlar el problema. Planeación se encarga de hacer seguimiento a las construcciones, a través de fotografías aéreas de catastro, visitas de Gestión y Control Territorial, inspecciones de Policía, entre otros. No obstante, la entidad admitió que la denuncia ciudadana es de suma importancia para su gestión de vigilancia.  

La Secretaría de Medio Ambiente, por su parte, se encarga de elaborar estudios para la planificación del territorio, alertar sobre procesos constructivos irregulares y apoyar la recuperación natural e hidráulica de los retiros, para evitar su ocupación o invasión y favorecer su función como corredores ecológicos y espacios públicos verdes, explicó la secretaria de la cartera, Marcela Ruiz. 

Así, detrás del debate por el puente de Morph Lalinde, asoma una discusión más vieja y difícil de resolver en El Poblado: la forma en que la urbanización avanzó sobre los bordes de las quebradas y la pregunta, todavía sin respuesta clara, sobre cómo devolverles su función ambiental y su valor como espacio de ciudad. 

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