Cuando en una obra de teatro los artistas salen a función o aquel el momento en que se encienden las luces del escenario en un concierto, estamos asistiendo a un espacio que no todos tienen claro: la trasescena, también conocida como el backstage, en inglés, ese espacio para los otros artistas que se encuentra detrás del escenario; es decir, las áreas que el público no ve durante una función.
Sí, detrás de cada artista hay un grupo de personas con otro arte: el de hacer las cosas posibles, profesionales técnicos y creativos que trabajan detrás del telón para hacer posible la obra, concierto o función; incluyendo al director de escena, están ahí los técnicos de iluminación y sonido, el escenógrafo, el tramoyista, el vestuarista o el maquillista, entre otros más.
Así, existe en las artes escénicas de Medellín un grupo amplio de artistas que están ahí, pero no siempre son visibles. Y, tal como le sucede al cantante principal de un festival de música, al actor afamado al que todo el público ansia ver salir a las tablas o al poeta que abrirá un festival, ellos merecen ser visibles. Así lo cree Catalina Orozco, por eso ha trabajado por más de quince años en la escena y trasescena local. Es, podríamos mencionarlo así, una lucha personal, una misión que tiene clavada entre ceja y ceja.
“Es importante la formación de públicos en Medellín porque si no enamoramos a los niños de esto, en el futuro quién nos va a consumir las artes”.
Orozco, desde la Corporacion Kompanio Colectivo Cultural, ha trabajado para las artes escénicas del territorio. En esa tarea, defiende cuidar la cadena de producción. Ya que, “siempre se habla en los colectivos de los directores, en algunas ocasiones de los actores y actrices; sin embargo, qué pasa con los reconocimientos a los técnicos, a los gestores, a los demás. Nombrarlos y ponerles el foco es reconocer que su labor es tan importante como los que están en el escenario”, narra ella.
“Es también la construcción de memoria”, añade; porque como también sucede en otros renglones de la sociedad, “conocemos mucho lo de afuera y poco lo propio”, precisa.
Catalina Orozco, con su labor, es ejemplo de la misión que tienen los gestores culturales de Medellín. No importa en dónde trabajen, en la Comuna 13, en El Poblado o en el centro de la ciudad, en donde precisamente se “mueve” ella, ellos son las personas que trabajan como “hormigas” para hacer la escena posible, consiguiendo recursos, creando festivales, juntando voluntades, elaborando proyectos, haciendo veedurías de los procesos de la ciudad. Como sea el caso, en Medellín existen dolientes de las artes escénicas, y necesitamos más para seguir haciendo visible nuestro arte.





