Cuando te diagnostican cáncer u otra enfermedad, el primer pensamiento que te llega a la mente es ¿por qué a mí?, ¿qué hice mal? Sin embargo, creo que la vida a todos nos sabe de diferentes maneras iluminar y si me lo permiten aseverar, nos sabe amar, porque la maestra vida sabe más que uno, es cuestión de saberla interpretar.
Uno siempre espera que las cosas malas a la gente ‘mala’ le deben pasar y a la gente ‘buena’ solo lo bonito nos debe visitar, y es que son necesarias las comillas, porque nadie es completamente bueno y nadie es completamente malo, a todos nos habita algo de bondad y algo de maldad. Y ahí les dejo ese tipcito, para que le bajemos un poquito al ego, y no nos creamos mejor que el resto de la humanidad.
Entonces llega el cáncer así sin avisar, una mañana soleada y en medio de mil planes y una agenda llena por realizar, y claro, después de mucho llorar y con el creador del universo enojarme y pelear, hoy te puedo decir, que no es nada malo lo que me está tocando atravesar, quizás no sea nada fácil y ahí podemos coincidir en la forma de las cosas mirar, pero desde mis creencias en que todo llega a nuestras vidas para volver a significar, hoy les quiero compartir mi sentir y mi vivencia frente a esta dificultad que me está tocando atravesar.
No es un castigo ni el resultado de algo que tenga que sanar, pues como terapeuta (y de las mejores que hay) te puedo asegurar que hay cosas que no tenemos que buscar explicar y que simplemente suceden, porque de eso se trata la vida, de cosas bonitas y otras no tan lindas experimentar. Y es aquí donde me quiero detener a contar, que, aunque hasta hoy con el cáncer de mama que mi vida ha llegado a transformar, no siento que me haya tocado porque necesariamente haya cosas que mejorar, más bien y mirando en retrospectiva, siento que es una forma de mirar mejor esta vida y de habitar mejor este planeta terrenal. Y ahí es donde esta lo más bonito y mágico de un diagnostico portar, es recordar el milagro de saberse vivo, y de que los otros sepan que uno vivo está, porque este paso por esta experiencia vital no se te puede ir en supervivencia y meramente estar, sin estar.
Hoy desde mi ser te abrazo, mi amigo lector, a quien también una perdida, un duelo, una dificultad, una quiebra, un fracaso, un desamor o un diagnóstico ha llegado a visitar, no eres un desafortunado ni el más de malas del mundo por lo que te haya llegado a pasar, eres un aprendiz de la vida y eres quien elige como asumir y como mirar tu dificultad.
Yo simplemente pienso que el cáncer es una enfermedad y como cualquier otra cuando llega, pues el enfoque debe ser sanar, y en disfrutar cada día, tal como cuando no sabía que un CA tenía, ya que creo que el malestar, el dolor, la incertidumbre y la tristeza, solo son síntomas de lo vivo que uno está, pues en el momento en que se dejen de sentir, ya no pertenecemos a este plano terrenal.
Así que, mi querido lector, piense con gratitud en todo lo bonito que tiene, olvide lo que no puede hacer y haga lo que sí puede, eso le recordará la simpleza de la vida y lo llevará a enfocarse en lo que le da bienestar, mientras lo demás se resuelve en el tiempo que está destinado para transitar, pero de usted depende si lo vuelve una tortura, o una experiencia más.
¡Ah! Y recuerde lo importante de chillar y de estar triste a ratos, dejando aflorar su vulnerabilidad, eso solo lo llenará de fuerza y le limpiará el alma cada día más. Pero eso sí, después de eso, séquese las lágrimas y pelar la muela, porque en medio del caos, siempre habrán razones para dejar salir ese niño que nos habita y que se asombra y sonríe, frente a la mirada de su mascota que viene a su cola bolear.
- PDS: Y si eres una fémina que me lee, tóquese las tetas más, pues más vale un diagnóstico a tiempo para que nos podamos sanar.




