Anthony está sentado en su nuevo carro de juguete, asegurado con un cinturón y un chaleco para que su cuerpo no pierda estabilidad. Aprieta un botón que está en el volante y siente el jalonazo que hace que su cuerpo se pegue al respaldo cuando el carro coge velocidad. Suelta una carcajada… y su madre, Johana Ríos, lo mira emocionada y también ríe. Es la primera vez que Anthony se monta en un carro de juguete que puede manejar sin ayuda.
“Él nació de 39 semanas más un día y me dijeron que no había ninguna complicación”, recuerda Johana. Cuando tenía tres meses, su madre notó que se sentaba encorvado, pero el pediatra que lo revisó en ese entonces le dijo que era normal. A los seis meses, otro especialista lo revisó y lo remitió a neurología ya que, además de notar el encorvamiento, el niño estaba atrasado en su desarrollo.
La neuróloga que lo revisó le mandó varios exámenes y determinó que Anthony tenía hipotonía y retardo en el neurodesarrollo. “El niño no va a poder caminar solo, él no lo va a lograr. Siempre va a necesitar ayuda”, cuenta Johana que le dijo la especialista.
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Según la Organización Mundial de la Salud, hay más de 1.300 millones de personas con discapacidad en el mundo. En las cifras del Ministerio de Salud y Protección Social se dice que para diciembre de 2019 había más de 1,2 millones de personas con discapacidad en Colombia. De esas, el 15 % son jóvenes y el 8 % niñas y niños. Antioquia tiene la mayor población de personas con discapacidad (13,8 %), después de Bogotá.
Ingeniería con propósito clínico
Con base en las cifras mundiales, en 2006 la Universidad de Delaware, en Estados Unidos, creó el proyecto Go Baby Go, centrado en mejorar la movilidad y la calidad de vida de niños y niñas, a través de carros y motos de juguete en sus primeros años de desarrollo. El programa fue adoptado por organizaciones en todo el mundo y en 2017 llegó a Medellín bajo el liderazgo de El Comité Fundación, en alianza con la Universidad EIA.
“Empezamos el Go Baby Go con 6 niños y unos 30 voluntarios. Hoy ya son 35 niños y 350 voluntarios”, cuenta Carolina Estrada, coordinadora del Centro de Conocimiento e Innovación Social de El Comité. El evento se celebra cada año y, en 2021, se sumaron la Universidad CES y la Universidad EAFIT para aumentar la cobertura. Desde entonces, Elizabeth Rendón Vélez, doctora en Ingeniería de Diseños de Producto y docente de EAFIT, ha sido una de las líderes del evento que se celebra en esa universidad.

Fotos: cortesía El Comité Fundación.
Go Baby Go se realiza durante una jornada que se inicia a las 8:00 a.m., en la que participan diferentes voluntarios en equipos interdisciplinares liderados por un ingeniero y un especialista clínico.
A cada equipo se le asigna un vehículo y se le entrega la historia clínica del niño o la niña que recibirá el juguete. Con base en esa información, el equipo toma las medidas y las recomendaciones del especialista clínico para adecuar y adaptar el vehículo para que el niño pueda usarlo de forma autónoma. Los equipos tienen hasta las 3:00 p.m. para terminar las adaptaciones y hacer la entrega.
El profesor Juan Felipe Isaza explica que el reto más común es desconectar la electrónica de un pedal y ubicarla en el timón para que el niño haga la activación de forma independiente. Por ejemplo, en esta versión del evento, a su equipo le tocó el caso de una niña con espina bífida que le genera un “pico en la espalda” y solo se puede desplazar arrastrándose boca abajo. El equipo diseñó un espaldar acolchado especial para no lastimarla, instaló cojines laterales para sostenerla y reemplazó el volante por un manubrio de bicicleta que le facilita el agarre. Además, pintaron y personalizaron el vehículo con dibujos animados que le gustan a ella. Según datos del proyecto, el 25% de los niños utiliza sus vehículos para movilizarse en sus jardines infantiles o lugares de cuidado.
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“Moverse no significa solamente caminar. Moverse significa usar cualquier cosa que tenga el niño para poderse movilizar”, aclara Carolina Estrada. Ese es el objetivo principal, enseñarles a las familias y a los niños que existen otras formas de desplazarse, y eso es lo que ha aprendido Johana con su hijo Anthony. Luego de más de un año de terapias y con la entrega del carro el pasado 1° de agosto, Anthony ha logrado dar sus primeros pasos sin la ayuda de su mamá. Se para solo, se sostiene de las paredes o de su nuevo vehículo y camina para explorar su alrededor.
El juego como derecho y terapia
Más allá de la movilidad, el proyecto busca que los niños también puedan jugar sin las barreras que la misma sociedad les ha puesto. Marisol Peña, pedagoga de El Comité Fundación, explica que “todo lo que está transversalizado a través del juego, se vuelve aprendizaje”, ya que el juego permite que el conocimiento pase por el cuerpo y cree conexiones neuronales que desarrollan y fortalecen habilidades.
Como lo explica la docente Elizabeth Rendón, con Go Baby Go se busca también crear conciencia en la sociedad, en las empresas y en las universidades sobre la inclusión, pues debe ser un asunto de todos. “Yo soy de las que opino que las tiendas de juguetes no deberían de existir segmentadas. O sea, tú deberías de considerar, a la hora de diseñar un juguete, que hay niños que tienen ciertas discapacidades”, afirma. Por eso, la meta es el diseño universal, donde las soluciones no sean “especiales” para un segmento, sino que consideren al público desde sus diversidades.
Go Baby Go no termina el día de la entrega de los juguetes. Desde El Comité se le hace seguimiento a los niños que participaron y evalúan los avances en sus habilidades de comunicación, juego y movilidad a los tres y seis meses del evento. Además, si un niño ya no usa el juguete, este puede ser devuelto, repotenciado y adaptado para alguien más.

Para familias como la de Anthony, el evento fue un espacio que sacó al niño de la rutina de citas médicas. “La intención era ir para que gozara, lo disfrutara y compartiera con otros niños”, cuenta su mamá, Johana Ríos.
Hoy, Anthony está sentado en su nuevo carro de juguete, asegurado con un cinturón y un chaleco para que su cuerpo no pierda estabilidad. Aprieta un botón que está en el volante y siente el jalonazo que hace que su cuerpo se pegue al respaldo cuando el carro coge velocidad. Suelta una carcajada… su madre lo mira emocionada y también ríe.





