Alejandro, el maestro de documental y de la vida

Alejandro Cock

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Como cuando se corta la luz quedamos sin Alejandro Cock Peláez, cuando la muerte, esa amante despechada, como la llamó Sabina, lo sacó del plano físico en el que nos encontramos y en el que tantas cosas compartimos. Pero Alejo sigue vivo en el plano del recuerdo y en ese plano, donde la muerte no existe, su sonrisa es el sol radiante que acaba con el prolongado eclipse de su ausencia física.

Por: Natalia María Metrio Gómez y Federico Carranza Carvajal

Y es que recordar su sonrisa es recordar el entusiasmo que siempre mantuvo frente a todas las cosas que emprendía o que defendía, todas sus luchas siempre fueron desde el optimismo, la esperanza y la alegría; su sonrisa es el símbolo de ese espíritu jamás derrotado, porque ni siquiera la muerte logró quitarla de su rostro, esa imagen es algo impresionante que nos marcó para siempre. Alejo no se sintió vencido por la muerte, sabía que él la había vencido y por eso su gesto.

Alejo venció la muerte porque su obra le da continuidad a su pensamiento y porque durante su vida dejó algo de sí en muchas personas, lo que le permitió quedarse para siempre, en nosotros, por ejemplo.

Ambos nos encontramos con Alejo cuando éramos estudiantes en la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia, a Federico le dijo que le gustaba su manera de hacer la fotografía y lo invitó a trabajar con él. Con la confianza que le dio lo hizo caer en la cuenta de que ese era su camino, Alejo fue la primera persona que le dijo que su trabajo estaba bien hecho y lo estimuló a seguirlo perfeccionando.

Yo me encontré con él cuando aceptó ser mi asesor de trabajo de grado, en ese proceso me confirmó que tenía una muy buena historia entre manos y me motivó a realizar en vez de un reportaje periodístico, una película documental. No solo confió en mí, sino que aceptó dirigir conmigo y consolidó un equipo al que convocó también a Federico.

Juntos fuimos avanzando mientras vencíamos dificultades de presupuesto, de claridad, de equipo, de la vida misma, porque el documental es eso: vida que se transforma y no puedes controlar. Así fue como apareció su enfermedad que mientras a nosotros nos llenaba de angustia, a él lo motivaba a seguir trabajando, convencido de que podíamos lograrlo todo.

Hasta el día de hoy Alejandro Cock sigue siendo determinante para nuestra realización profesional y para la construcción de nuestras propias visiones. Temas como la paz, la ética y la defensa del ambiente son los que más nos acercan a él.

Para muchos Alejo es el maestro de documental, para nosotros es también el maestro de la mirada crítica frente a la realidad social y política del país, con él nos sentamos a hablar sobre las formas de contar en el documental contemporáneo y conversamos también sobre la importancia de los acuerdos de paz. Nos enseñó que así como nos formamos para retratar realidades, sean las que fueran, también debemos formar una opinión y que aquella, como la ética y la verdad documental son elementos imprescindibles. Por eso, en este tiempo electoral lo recordamos y lo extrañamos, en un país que se rasga las vestiduras por las curules en el Congreso para las Farc lejos de las armas y al mismo tiempo sigue estrepitosamente a personajes como alias Popeye.

Alejo nos motivó siempre a alcanzar el equilibrio entre la estética de la imagen y la naturalidad de las historias, cuestionándonos sobre los modos de realización; ese equilibrio es parte de su esencia y ahora de sus enseñanzas. Siempre se mantuvo ecuánime para juzgar por igual los desaciertos de la ultraderecha y de la izquierda radical.

Y precisamente por su compromiso con la paz, por su posición crítica frente a todos los actores del conflicto fue que su gran amiga, Natalia Orozco, le confió la cámara en los primeros rodajes de El Silencio de los Fusiles, momentos de acercamiento con las Farc que fueron tan difíciles en los que la relación era absolutamente frágil. Según Natalia, Alejandro le dio la garantía y la tranquilidad, su presencia fue fundamental para que su película fuera una realidad.

Ética para hacer documental, pero también ética para la vida, de Alejandro Cock aprendimos que se puede tener éxito en la vida profesional sin tener que torcer los principios, fue abanderado de la defensa de la naturaleza desde la reflexión, la realización y el activismo en una admirable coherencia: no solo logró poderosas imágenes de diferentes ecosistemas, sino que le dedicó al tema parte de su pensamiento y producción académica, además, participó en acciones comunitarias que protegían reservas como Montevivo, amenazada por el proyecto del Túnel de Oriente.

En Colombia, un país catalogado como el segundo con más conflictos ambientales del mundo con una política económica que favorece la explotación desmedida, Alejo estaría tremendamente triste e indignado, por ejemplo, con el último derrame de petróleo en Santander, el más grande de los últimos tiempos, pues estaba seguro de que sin naturaleza no hay proyecto de vida para la humanidad y que los realizadores adquirimos también un compromiso con el mundo que habitamos.

Alejandro Cock venció la muerte y lo hizo porque nunca dejó de soñar y esa es su gran enseñanza. Tanto a Federico como a mí, en los últimos mensajes que cruzamos nos dijo que estaba bien y que íbamos a salir adelante. Días antes, siendo consciente de su enfermedad le dijo a Federico que, aunque no sabía si iba a estar por mucho tiempo, aceptaba ser su asesor y trabajar hasta donde le diera, Alejo nos acompañó en rodajes a los que llegaba después de su quimioterapia y en uno de ellos me dijo que después de terminar el proyecto, nos plantearíamos otro sobre el mismo tema, pero con impacto en Latinoamérica.

Desafiando al tiempo que sabemos que es limitado y la muerte que es inevitable, Alejo nos enseñó a “mantener los grandes sueños de la vida y sacar todas las fuerzas para cumplirlos en contra de las adversidades”.

Contexto:

Alejandro Cock Peláez fue docente investigador del Pregrado de Comunicación Audiovisual y Multimedial de la Universidad de Antioquia, profesor invitado en diferentes postgrados alrededor de Colombia, conferencista y asesor, jurado o tutor de proyectos audiovisuales en algunas de las más importantes convocatorias para documental y largometraje del país.

Obtuvo doctorado en Comunicación Audiovisual en la Universidad Autónoma de Barcelona con una investigación sobre las nuevas retóricas en el documental contemporáneo y trabajó como documentalista y fotógrafo de manera independiente para importantes productoras nacionales e internacionales como National Geographic Television (USA).

Es recordado como el fotógrafo de la Colombia rural porque se enfocó en temas sociales y ambientales con un compromiso con las comunidades y con el desarrollo sostenible y equitativo. Falleció el primero de mayo de 2015 después de luchar contra un cáncer.

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