Encontré en el diccionario de la Real Academia Española once acepciones para el verbo ‘aguantar’. La inquietud surgió tras la arremetida de decisiones gubernamentales que se suceden día a día -o des-gubernamentales, si cabe el término— y, sobre todo, después de escuchar a empresarios de todos los tamaños ante un tsunami de medidas que no cesa desde finales de año y mantiene en vilo la estabilidad económica e institucional del país, mientras las encuestas proyectan la muy probable continuidad del llamado proyecto progresista.
Aguantar es resistir, llevar con paciencia lo molesto, contenerse, callar o retardar deliberadamente. Palabras que hoy describen la actitud de quienes generan empleo, dinamizan la economía y sostienen al país más allá de burbujas de gasto público y de remesas que el Gobierno exhibe como logro. Y al común de la gente le está calando, sin terminar de entender, que afrontaremos serios riesgos fiscales, un déficit elevado, mayor costo de vida y una erosión profunda de la confianza.
Es posible ‘no dejarla caer’: aguantar y contener inversiones. Pero no basta. Quedan meses decisivos y, con ellos, tres momentos clave para pasar del silencio a la acción: 8 de marzo, 31 de mayo y 21 de junio.
En marzo será fundamental elegir un Congreso serio, con tendencia independiente y opositora. Es una forma de garantizar institucionalidad ante la posible continuidad. Allí se eligen magistrados, fiscal y cabezas de los entes de control, quienes, tras casi cuatro años, han mantenido el orden a pesar de las arremetidas. También allí está la responsabilidad de no dejar descuadernar el país ante reformas que comprometan la estabilidad del Estado. Nunca antes había sido tan importante esta elección.
Y para las presidenciales hay que evitar la dispersión del voto. El panorama pinta -y me dirán ave de mal agüero- para continuismo. Ojalá me equivoque. En mayo hay que fortalecer una candidatura que llegue consolidada a la segunda vuelta y pueda dar la pelea real en las urnas.
Pero hay que hacer que las cosas pasen; migrar del aguante a la acción. De los foros y debates a llevar argumentos a familias, allegados, amigos y empleados; inspirar y llamar a votar responsablemente.
Porque aguantar puede ser estrategia temporal, pero nunca un proyecto de país. Las naciones no se transforman desde la resignación, sino desde la decisión colectiva. Y esa decisión se toma en las urnas. El reto no es resistir: es reaccionar. No es soportar: es elegir. Y es ahora.





