Durante 15 años, Luz Adriana Álvarez ha hecho su vida en una finca en el límite de La Unión con Abejorral y La Ceja. Allí vive con su esposo y dos hijos, produce leche junto al río El Buey y también conserva bosque. “Para nosotros es un regalo, un privilegio vivir en una zona todavía muy pura y disfrutar de la naturaleza”, cuenta.
Cuidarlo empieza por decisiones sencillas: no talar, impedir que el ganado entre al bosque, manejar bien los residuos, evitar quemas y no descargar químicos ni aguas residuales en las fuentes. Desde hace año y medio, esas prácticas también le representan un ingreso mediante el Pago por Servicios Ambientales (PSA).
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David Echeverri López, jefe de Gestión de la Biodiversidad y Áreas Protegidas de Cornare, explica que el incentivo reconoce el terreno que una familia mantiene en bosque, en lugar de producir. “Miramos cuánto le cuesta a una familia decidir voluntariamente que quiere conservar ese bosque. Sobre ese costo de oportunidad se establecen los pagos”.
En julio del 2026, Cornare y la Secretaría de Medio Ambiente de Medellín firmaron un convenio por $5.000 millones (con una duración de seis meses) para proteger cuencas del Oriente que abastecen el embalse La Fe, que aporta cerca del 58% del agua potable del Valle de Aburrá. La estrategia cobija a 213 familias del Oriente antioqueño y busca conservar más de 1.000 hectáreas.
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El pago es mensual y depende del área conservada. Según Echeverri, quienes protegen entre 0,5 y 0,9 hectáreas reciben alrededor de $372.000; el incentivo aumenta hasta un salario mínimo para predios con 4,77 hectáreas de bosque o más.
Pero el acuerdo no termina en una transferencia económica. Con regularidad, los técnicos de la corporación ambiental visitan las fincas, entregan árboles nativos y acompañan la reconversión de cultivos y sistemas ganaderos. Luz lo ha visto: “Cornare nos brinda unas guías de cómo ser una finca sostenible siendo ganadera”; en otros predios se instalan cercas vivas y tanques para el ganado.
Además, se mide la calidad y cantidad del agua de los afluentes y se hace monitoreo de fauna con cámaras trampa. Echeverri señala que por estas zonas transita incluso el puma y que esos registros indican si la estrategia está dando resultados.
Hoy ese propósito es menos abstracto para Luz. Durante la temporada seca ha visto disminuir el caudal del río El Buey y los nacimientos que alimentan el acueducto veredal: “Todo el sector se ha visto muy afectado. Las quebradas, el río ha disminuido significativamente. Si no cuidamos lo poquito que tenemos, pues nos vamos a quedar todos sin nada”, asegura.
En la finca de Luz Adriana, el pago no reemplaza la actividad de la que vive su familia: ayuda a que conservar la biodiversidad no quede en desventaja frente a otros usos productivos del suelo. Y también hace visible una relación que muchas veces pasa inadvertida: mientras familias como la suya mantienen en pie los bosques y protegen las fuentes de agua en el Oriente, los beneficios de esa conservación viajan mucho más lejos de los límites de sus predios.
¿Por qué Medellín invierte en bosques del Oriente?
Aunque el dinero sale en buena parte de Medellín, la inversión se hace en el Oriente porque allí están varias de las cuencas que alimentan el embalse La Fe. El Distrito aporta $3.500 millones y Cornare $1.500 millones al convenio, que busca conservar y recuperar áreas estratégicas en El Retiro, La Ceja, La Unión, Abejorral y El Carmen de Viboral. La Fe suministra cerca del 58 % del agua potable que consume el Valle de Aburrá.
La relación también toca directamente a El Poblado, pues el agua de La Fe llega a la planta de potabilización La Ayurá y desde allí se distribuye a distintos sectores del sur del Valle de Aburrá y de Medellín. Entre las zonas atendidas por este sistema, está toda la comuna 14.
La inversión cobra mayor importancia ante la disminución de las lluvias y el aumento de las temperaturas asociados a las condiciones de El Niño. Por eso, además de pagar a familias que conservan bosque, el convenio incluye restauración ecológica: proteger las zonas donde nace y se regula el agua es una forma de reducir la presión sobre un ecosistema del que dependen millones de habitantes aguas abajo.




