Hace poco más de un mes, Diego Ramírez llegó a Medellín para ponerse al frente de la cocina de Selma. Desde entonces ha empezado a conocer la ciudad como se conoce una cocina nueva: probando, preguntando, buscando proveedores y hablando con otros cocineros.
A sus 26 años asume el reto de Selma Medellín y se prepara para viajar a Panamá a finales de septiembre para participar en la final regional del S.Pellegrino Young Chef Academy. Su nombre también aparece entre los nominados a Chef Revelación de los Premios La Barra.
Pero cuando cuenta su historia, los premios aparecen casi al final.
La cocina empezó para él mucho antes, en las reuniones de su familia. Diego nació en Bogotá y creció entre Cali, Neiva y Tocancipá.
“En mi familia siempre se ha aprovechado mucho el producto. Cuando mataban un marrano, se utilizaba todo”. Esa memoria todavía aparece en su manera de cocinar.

A los 18 años se fue a Brasil para hacer sus prácticas. Después regresó a Colombia y consiguió su primer trabajo en una cocina profesional: El Cielo, en Bogotá. “Estaba de steward y quería cocinar. Entonces hacía todo lo posible por estar metido en la cocina”.
Pasó a la estación fría y después a la caliente. Allí comenzó a entender el ritmo de una cocina profesional y la importancia de aprender de quienes estaban alrededor.
Más adelante llegó Leo. Y, después, vendría Cascajal, con Andrés Fernández. Fue una etapa determinante porque la cocina estaba construida alrededor del producto colombiano.
No se trataba solamente de usar ingredientes locales. Había que encontrar la manera de llevarlos a otras técnicas, de entender qué podían hacer y hasta dónde podían llegar.
“Siento que uno aprende de todo el mundo. Uno aprende del que está al lado, del que está arriba, del que está abajo. Siempre hay algo que aprender”.
En noviembre de 2025 llegó a Selma Bogotá.
“Quería volver a ser cocinero. Cuando uno es jefe de cocina hay muchas cosas administrativas y muchas veces deja de cocinar. Quería volver a las raíces, a la responsabilidad de una estación, al rigor de cocinar”. Unos meses después, Álvaro Clavijo le propuso venir a Medellín.

En Selma Medellín no solo cocina: también participa en la selección del equipo, habla con proveedores y empieza a entender las particularidades de una ciudad distinta.
Una de las cosas que más lo ha sorprendido es precisamente la oferta local.
“Pensaba que iba a ser más difícil, que muchas cosas iban a tener que venir de Bogotá. Y me he encontrado con que Medellín tiene muchísimos proveedores”.
También ha comenzado a recorrer la escena gastronómica de la ciudad y a conversar con otros cocineros. Para él, esa posibilidad de encontrarse y compartir información ha sido una de las mejores partes de llegar.
San Pellegrino
En Panamá cocinará un plato que reúne buena parte de lo que ha aprendido durante estos años: Pachamanca lleva pirarucú, bollo de yuca, hormiga culona, palmito, cilantro cimarrón y catara. El pescado parte de una técnica de cocción enterrada que desarrolló junto a Andrés Fernández. La yuca lleva grasa de cerdo, un recuerdo de su casa. La salsa de hormiga y catara reúne otras técnicas que ha aprendido y desarrollado durante su carrera.
El plato cuenta varias historias: “hay muchos hilos conductores. Son técnicas que aprendí en diferentes momentos y que ahora estoy juntando”. Por eso Diego insiste en que no está reproduciendo las recetas de sus maestros. Está tomando lo que cada uno le dejó y llevándolo a otro lugar.
Cocinar rico
Su manera de entender la cocina parece resumirse en otra frase mucho más sencilla.
“Para mí lo más importante es cocinar rico”.

La técnica, los ingredientes, la historia y hasta la fotografía del plato tienen sentido si al final quien se sienta a la mesa disfruta lo que tiene enfrente.
Quizás por eso, cuando habla del futuro, su sueño no es necesariamente tener un restaurante. Quiere una escuela de cocina. Le gusta enseñar a los jóvenes que llegan a las cocinas porque sabe lo importante que fue para él encontrar personas dispuestas a compartir lo que sabían.
Y ahora, en Medellín, está Diego: un cocinero que sigue aprendiendo de otros, que lleva recuerdos de su familia a los platos y que, después de pasar por varias cocinas, parece tener cada vez más claro qué quiere hacer con todo lo que ha aprendido: cocinar a su manera.
SELMA LLEGA A MEDELLÍN
El restaurante de Álvaro Clavijo abre una nueva sede en Medellín. La propuesta conserva la identidad de Selma, con una cocina pensada para compartir, pero incorpora cambios relacionados con los productos, proveedores y hábitos de consumo de la ciudad.
El menú tendrá algunas preparaciones diferentes a las de la sede bogotana y buscará adaptar la propuesta al mercado local.
Dir.: Cra 33 #5G 23, El Poblado
IG: @selma_rest





