Y es que pareciera que ya todo hubiera pasado, pero la humanidad sigue abrumada, preocupada, ‘paniqueada’; pensando que en cualquier momento volverá a temblar y quizás no haya oportunidad de la próxima vez escapar.
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Pero, lo que más me retumba en la mente, y no paro de pensar, es que a muchos la vida se les ha venido encima mucho antes de que empezara a temblar y que medio mundo necesito que se sacudiera el piso para poder a su lado mirar y entender que muy cerca de cada uno, hay alguien esperando un acto de bondad e humanidad.
Y es que la bondad no se reduce a un mercado regalar, enseres, ropa, algún artículo o dinero que quieras a otro entregar, esa es la parte más fácil y simple, que se reduce a dar algo material. La verdadera bondad es cuando miras al otro, con ojos de hermandad, cuando desde la empatía recuerdas la fragilidad de la vida y que todos estamos en el mismo lugar. La bondad trasciende al espectro de poder tener actos de servicio y de humildad, que tus palabras, tu compañía y tu amor, puedan a otra alma tocar, pues no encuentro merito alguno en dar algo material desde la frialdad y que no te cueste ningún esfuerzo emocional, pues se confunde con la lastima y dista mucho de poder a un ser humano, bondadoso nombrar.
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La bondad está en las calles mientras conduces y lo haces con calma, respeto y serenidad, cuando recibes tratos quizás no justos, pero tu trasciendes del ego y regalas amabilidad y no te dejas provocar. La bondad está en los ojos de tu hijo, tu mamá, tu hermana, cuando necesitan tu voz, tu abrazo y sin necesidad de justificación, ni merecimiento alguno, tú los sabes con amor tratar.
La bondad también vive en los pequeños gestos hacia quienes no conoces. Está en regalar una sonrisa al que te atiende en una tienda, en sostener la puerta para alguien que lleva las manos llenas, o en escuchar con atención a quien necesita su dolor desahogar. Es entender que cada persona que cruzas en tu camino está librando su propia batalla, y elegir ser un refugio de paz en lugar de un problema más.
Y es que lo más importante que te vengo hoy a recordar, es que la bondad no solamente debe aflorar cuando la tierra empieza a temblar, debería ser algo tan cotidiano como el acto de respirar y que de esta manera nunca termine tu día, sin tener un acto de bondad con la humanidad que te circunda en tu cotidianidad, pues recuerda que en este plano terrenal, todos tenemos las mismas posibilidades de morir y de ya no estar; y que todo lo que crees que te pertenece no te lo llevaras, así que alégrale la vida en tu día a día, desde tu accionar, a ese humano que te niegas a mirar y que tu corazón sabe que puedes apoyar.
Al final, ser bondadoso no es más, que recordar nuestra propia vulnerabilidad, entendiendo que dar, va más allá de lo material y requiere de acercarse al otro desde la humildad.




