El país se encuentra hoy ante una de las peores tragedias que ha vivido y, aunque las cifras de víctimas mortales, heridos e infraestructura destruida siguen creciendo, la incansable tarea de quienes participan en las labores de rescate busca hacer brillar luces de esperanza en medio de la oscuridad del desastre.
El sismo de magnitud 7,4 que se originó en la población de San José del Palmar, en el sur del Chocó, no solo pone a prueba al Gobierno nacional, apenas a tres días de su posesión, sino que obliga al país a actualizar su normatividad en materia de sismorresistencia, una acción que no se realiza desde 2010 de manera estructural.
Casos sonados como el del tristemente célebre edificio Space, que se vino al suelo sin que mediara un movimiento telúrico, han puesto en alerta a las autoridades y a la ciudadanía frente a la responsabilidad de los constructores para garantizar que las viviendas no se conviertan en una tumba para sus moradores cuando sucede una emergencia como esta.
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Las imágenes que llegan de lo sucedido en ciudades como Quibdó, Cali, Pereira, Armenia o Manizales son elocuentes en este sentido. Mientras muchas edificaciones permanecieron en pie y con daños relativamente menores, o sin ellos, otras se bambolearon al compás del terrible sismo hasta que se vinieron al suelo total o parcialmente, apagando muchas vidas.
Edificaciones que albergaban instituciones educativas y hospitales también se derrumbaron con relativa facilidad y, en algunas que salieron avantes, así como en muchas viviendas, ya no se puede ingresar por el riesgo de que se caigan.
A la atención de esta tragedia que nos toca a todos, deberá seguir entonces la actualización de la NSR-10, que rige el diseño y la construcción sismorresistente en el país, para incorporar tecnología y materiales que reduzcan el riesgo.
Es una decisión política, claro está, pero también una decisión ética que involucra no solo a quienes están en el sector de la construcción, sino a la ciudadanía, que debe ser más exigente y estar mejor informada.
Esta tragedia llega, además, en un momento crítico para el futuro del país. El nuevo Gobierno apenas comienza y, aunque el resultado electoral reflejó que los votantes estaban divididos casi a la mitad, la búsqueda de la unidad es hoy más importante que nunca para superar, por ejemplo, el abandono al que se ha condenado al pueblo chocoano y que se refleja en la poca información que nos llega de las regiones más apartadas de ese departamento, que fue el epicentro del sismo.
No es el momento para las ideologías, para incentivar la polarización. Hay que dar paso a la solidaridad. Que el trabajo que hoy realizan los rescatistas en las zonas afectadas por el terremoto, el esfuerzo conjunto, el trabajo coordinado y en equipo y el afán por salvar y conservar la mayor cantidad de vidas posible, sean la inspiración para levantar un nuevo país. Un país resistente frente a los movimientos telúricos y unido en la certeza de salir adelante.
No es el momento para las ideologías, para incentivar la polarización. Hay que darles la espalda a aquellos que quieren continuar en una confrontación constante.




