En el momento en el que escribo esta columna, estoy leyendo un libro llamado Cómo conocer a una persona, del autor David Brooks. Este libro ofrece un enfoque esperanzador sobre la conexión humana a través de la psicología, neurociencia y otros campos similares.
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Uno de sus capítulos se enfoca en el poder de contar nuestra historia y de escuchar la historia de otros. Y sobre historia se entiende eso que nos ha marcado en la vida, lo que hemos considerado éxitos y ‘fracasos’, las alegrías y tristezas y todos los hechos relevantes que han sido determinantes en nuestra existencia.
¿Podemos trabajar con personas por muchos años sin conocer su historia, porque quién tiene tiempo de hacer esto cuando tenemos que resolver el día a día, trabajar, hacer las tareas de la casa, estar al tanto de todo lo que ocurre en las redes sociales y otras actividades que llenan todo nuestro día?
Además, que contar la historia de nuestra vida puede ser un ejercicio bastante personal y vulnerable y evitamos a toda costa que otros se lleguen a aprovechar de un conocimiento profundo nuestro.
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Sin embargo, quiero compartir todos los argumentos que expone David Brooks en su libro del por qué contar más a menudo nuestra historia o escuchar la historia de otros es tan poderoso.
- Los científicos del comportamiento han demostrado la relación directa que existe entre la felicidad, la salud y la satisfacción con la vida con las conexiones o relaciones humanas. Somos animales sociales que amamos comunicarnos entre nosotros y tenemos una fuerte necesidad de ser escuchados.
- Las personas tenemos dos modos de pensamiento. Uno llamado modo paradigmático de pensamiento y otro modo narrativo. El primero es el modo analítico, es el que usamos para resolver problemas complejos en nuestro trabajo o en lo que estemos estudiando, no es el mejor modo para ver y conocer a una persona. El segundo, el narrativo, es necesario para entender al otro como persona y como ser único y entran en juego habilidades como la empatía o la compasión.
Sin embargo, vivimos en una sociedad que es rica en modo paradigmático y pobre en modo narrativo. Es por esto por lo que, por ejemplo, tenemos tantos conflictos ideológicos con quien piensa diferente a nosotros, porque solemos preguntar por las razones por las cuales una persona apoya cierto político, pero no hacemos la simple pregunta de quién es el otro. Tendríamos menos conflictos si antes de conocer la postura de alguien sobre un tema, nos diéramos la oportunidad de conocer la historia del otro.
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Por ejemplo, en vez de preguntar “¿qué piensas sobre X asunto?” es más pertinente hacer la pregunta: “Cómo llegaste a pensar sobre X de esa forma? ¿Qué de tu historia te hizo tomar esa posición”?
- Nos conocemos a nosotros mismos porque somos capaces de contar nuestra historia. Esta habilidad de contar de forma coherente y precisa nuestra historia es una habilidad que no suelen enseñarla en nuestra niñez. La forma como contamos nuestra historia revela muchos aspectos de nuestra personalidad, como la confianza, el miedo, la autoestima, etc.
Es más, los terapeutas son en esencia editores de historias. Las personas van a terapia porque la forma como se cuentan a si mismas su historia puede estar repercutiendo en su bienestar. El terapeuta ayuda inclusive a reconstruir los hechos desde otras perspectivas. Un suceso puede llegar a ser reinterpretado y sólo eso puede causar un efecto muy importante en ese proceso terapéutico.
“La calma es una función de la clarificación retrospectiva”.
El psicólogo comportamental Nicholas Epley hizo un experimento en el transporte público de su casa hacia la universidad en la que trabajaba al notar que la mayoría de las personas solían viajar viendo todo el tiempo sus celulares y pocos o casi ninguno interactúan entre ellos. En su experimento indujo a personas a hablar entre ellas durante ese trayecto. Al final del trayecto, los investigadores entrevistaron a las personas preguntándoles cómo se sentían luego de hablar con otra persona en vez de estar enfocados en su celular, y se dieron cuenta de que las respuestas eran significativamente positivas comparadas con la no interacción.
Creo que no se trata de estar contando nuestra historia más profunda e íntima a todas las personas que se cruzan en nuestra vida, pero sí permitirnos estar en más modo narrativo que paradigmático, más modo escuchar con empatía que con juicio y análisis crítico, con más humanidad.


