Nuestras experiencias intensas dejan una especie de ‘cicatriz mental’. Si, por ejemplo, en la niñez se pasó por una vergüenza al hablar en público, el cerebro creó una alerta roja allí y muchos años después cada vez que esa persona intenta alzar la voz, esa cicatriz se activa. Cuando sucede esto, la mente no está reaccionando al presente, sino que lo está haciendo por una memoria grabada que el cerebro no ha actualizado.
En neurobiología, se dice que “las neuronas que se disparan juntas, se mantienen juntas”. Cada vez que tenemos un pensamiento negativo y lo creemos, reforzamos una autopista de información en el cerebro. Con el tiempo, es como si no eligiéramos pensar así; simplemente es el camino más fácil para la mente y sucede en automático.
Gran parte de nuestros patrones negativos nacen del ego, esa identidad rígida que construimos: “Yo soy una persona ansiosa”, “Yo soy malo o mala para las matemáticas”. Y esa identidad solo quiere consistencia más que felicidad. Si me defino como alguien ansioso, la mente buscará razones para estar ansiosa para confirmar esa identidad (sesgo de confirmación). Es por esto, que desaprender requiere, primero, estar dispuesto a soltar esas etiquetas que nos resultan familiares, aunque sean dolorosas.
Desaprender no es borrar el pasado, sino construir senderos nuevos y no seguir reforzando esos viejos ya instalados en la mente.
¿Cómo podemos desaprender esos pensamientos negativos?
- Etiquetado afectivo (poner nombre al proceso): cuando aparezca un pensamiento negativo en vez de decirse a sí mismo “estoy haciéndolo mal o estoy fracasando”, reemplazarlo por: “Estoy teniendo el pensamiento de que voy a fracasar”. Es un pequeño cambio de lenguaje que crea una distancia cognitiva, pasamos de ser el protagonista del drama a ser el observador Al nombrar el pensamiento, se activa la corteza prefrontal y se resta poder a la emoción automática.
- El ayuno de dopamina: vivimos en una era de gratificación instantánea que satura nuestros sentidos, como lo expliqué en una columna anterior. Para desaprender comportamientos impulsivos (como el uso excesivo de redes sociales), necesitamos periodos de “aburrimiento deliberado”. Salir a caminar sin música o sentarse 10 minutos sin hacer nada permite que el sistema de dopamina descanse, dando el espacio mental para elegir una respuesta en lugar de reaccionar.
- La técnica de la “ambigüedad sostenida”: tendemos a ver todo en blanco o negro (éxito o fracaso). La práctica de sostener dos realidades opuestas: “Me siento asustado por este nuevo reto, PERO también estoy preparado para enfrentarlo”, entrena al cerebro para salir de los circuitos cerrados de negatividad y abrirse a nuevas posibilidades.
Desaprender es dejar de alimentar los caminos viejos que se han ido repasado por muchos años para que con el tiempo desaparezcan por falta de uso.
Nuestra mente es plástica y tiene una capacidad asombrosa para renovarse. Solo necesita que dejemos de caminar por la misma zanja de siempre y creemos nuevos caminos, nuevas redes neuronales con otras historias, otras narrativas, que nos permitan des identificarnos de una personalidad que nos resta tranquilidad y felicidad. Si estamos caminando por el campo y encontramos un camino ya formado será más fácil transitar por él que tomarnos el trabajo de abrir uno nuevo. Nos tomará más tiempo, nos cansaremos más rápido, pero también podríamos perdernos la oportunidad de sorprendernos y encontrar nuevas realidades.





