A dos horas en lancha desde Nueva Colonia, en Antioquia está la Reserva Natural Surikí, encallada en la selva del Darién. Sumergida entre espejos de agua, bosque de galería y ripario (vegetación o vida que crece en las márgenes de ríos, lagos o mares), arrullada por monos aulladores, loros ojo de nique y garzas y cercada por martines pescadores y jaguares. Surikí es un territorio que parece inventado por el realismo mágico, como el Macondo de García Márquez. El camino a Surikí es el camino al corazón de Colombia y ¿por qué no? El camino a un viaje hacia adentro de cada uno de nosotros y hacia el perdón y la reconciliación que Colombia necesita, hoy más que nunca, para ser más grande.
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Esta reserva natural, aunque perfecta en cada detalle, no nació de la nada ni fue el descubrimiento de un explorador en su día de suerte. Este paraíso de 487 hectáreas existe gracias a Enilda y a sus 21 hermanos, que cambiaron el relato del dolor y el desplazamiento del conflicto armado en Colombia por el relato de la paz y las oportunidades. El proceso de paz, con todos sus bemoles, permitió que ella y su familia pudieran volver a su tierra; una tierra de la que salieron exiliados en 1995 cuando los paramilitares mataron a su papá y los desplazaron.
En lugar de volver a la tierra que les pertenece y talar los árboles, podar el ecosistema que creció allí durante más de dos décadas de desplazamiento forzoso, expulsar a los animales de su hábitat y dedicarse a la ganadería, Enilda le apostó al turismo regenerativo. Escogió el perdón y pensó en Colombia primero que en ella. Escogió romper el patrón de conducta de dañar a la naturaleza y precisamente, desde la historia de su familia, nació esta reserva cuyo lema es:
“Somos lo que cuidamos”.
Aquí se conoce a la naturaleza en su máxima expresión, aquí se respeta al ecosistema mientras se aprende que la paz va más allá de las personas; que también la paz se hace con la tierra y todo lo que en ella habita. En Surikí todos cuidamos la tierra, los animales, las comunidades y la memoria de Colombia. En Surikí todos somos parte de una Colombia en paz. Una Colombia desafortunadamente utópica todavía.
Este lugar es el protagonista de una nueva historia a la que no la define más la violencia. No existen Enilda sin Surikí o Surikí sin Enilda. Ella es un personaje de novela épica, casi de epopeya, que cree en la bondad de las personas y en el poder de su tierra prometida de su Surikí. Su historia es la historia de toda Colombia, una historia mágica, que atrapa y que enamora.
Enilda dice que este país tiene una deuda histórica con los sueños que les robaron a tantos niños y jóvenes de la guerra. No solo los que murieron. Todos. La historia de Enilda y Surikí es la historia de Colombia, una historia dura y cruda pero hipnotizante. Macondo existe en la sonrisa de Enilda, existe en sus ojos negros y en la convicción con la que cuenta su historia.
Macondo sí existe y está en el Darien. Macondo se llama Surikí.





