Hablar de infertilidad suele llevar la atención hacia las mujeres, pero la realidad es distinta: el factor masculino está presente en aproximadamente el 50 % de los casos en los que una pareja tiene dificultades para concebir. Aun así, sigue siendo un tema poco discutido entre los hombres, quienes muchas veces desconocen que su salud y sus hábitos influyen directamente en su capacidad reproductiva.
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La infertilidad se define como la imposibilidad de lograr un embarazo tras un año de relaciones sexuales frecuentes sin protección. En los hombres, esta condición puede estar relacionada con problemas en la producción, calidad o transporte de los espermatozoides. La fertilidad masculina depende de múltiples factores, entre ellos el equilibrio hormonal, el adecuado funcionamiento de los testículos y la integridad del sistema reproductor.
A nivel mundial, se estima que una de cada seis personas en edad reproductiva enfrenta dificultades para tener hijos, con implicaciones médicas, emocionales, sociales y económicas.
Diversos factores pueden afectar la fertilidad masculina. Entre los más importantes están los relacionados con el estilo de vida. La edad, aunque menos determinante que en las mujeres, influye: con los años disminuye la calidad espermática y aumentan los riesgos de alteraciones genéticas. El sobrepeso, la obesidad y el síndrome metabólico también son clave, ya que pueden alterar las hormonas, reducir la testosterona y afectar la producción de espermatozoides. A esto se suman hábitos como el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, el uso de drogas, la mala alimentación y el sedentarismo.
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Además, existen causas genéticas que pueden interferir en la espermatogénesis. Alteraciones como el síndrome de Klinefelter pueden provocar una producción muy baja o inexistente de espermatozoides. También se han identificado microdeleciones en el cromosoma ‘Y’, y mutaciones en genes que regulan este proceso, las cuales suelen pasar desapercibidas hasta realizar estudios especializados.
Otros factores, como el estrés, la exposición a sustancias tóxicas, el calor excesivo o ciertas enfermedades, también pueden comprometer la salud reproductiva masculina sin que el hombre lo note.
Frente a este panorama, es fundamental cambiar la percepción: la fertilidad no es solo un asunto femenino. Los hombres que desean ser padres deben asumir un papel activo en el cuidado de su salud, adoptando hábitos saludables y prestando atención a posibles factores de riesgo.
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En este sentido, una herramienta clave es la consulta preconcepcional masculina, que permite evaluar el estado general de salud, identificar posibles problemas —incluidos los de origen genético— y tomar medidas a tiempo para mejorar las probabilidades de lograr un embarazo.
La fertilidad también es responsabilidad de los hombres. Informarse, prevenir y consultar a tiempo puede marcar la diferencia en el camino hacia la paternidad.





