Nanyi Albarracín*
Uróloga, miembro de la Sociedad Colombiana de Urología, máster en cirugía robótica y endoscópica avanzada. Docente Universitaria.
A muchas les pasa… pero pocas lo consultan, la incontinencia urinaria es mucho más frecuente de lo que las personas se imaginan, pero sigue siendo un tema envuelto en silencios o incomodidades.
Este problema afecta la vida cotidiana, la confianza y hasta las relaciones sociales. Sin embargo, son posibles grandes cambios cuando se toma la decisión de hablarlo y buscar ayuda.
La incontinencia urinaria consiste en la pérdida involuntaria de orina, y aunque puede parecer una molestia menor, la realidad es que afecta a millones de mujeres en Colombia y el mundo. Se estima que una de cada tres mujeres experimenta algún grado de escapes de orina a lo largo de su vida. Los momentos más comunes son al reír, toser, saltar, hacer ejercicio o incluso al escuchar agua correr. Hay quienes lo atribuyen a la edad, al embarazo o a la menopausia, y por eso lo normalizan o lo callan.
La importancia de consultar a tiempo
¿En qué momento se debe considerar consultar? Si los escapes de orina llegan a limitar al momento de hacer actividades físicas o cotidianas; si estos obligan a planear salidas cerca de baños o si causan incomodidad, dolor o preocupación, es hora de buscar una valoración. No importa si los síntomas son leves o si apenas ocurren ocasionalmente; la consulta temprana permite identificar la causa, prevenir complicaciones y, sobre todo, iniciar un tratamiento personalizado. Dejar pasar el tiempo solo aumenta el riesgo de infecciones urinarias, irritaciones y, en algunos casos, aislamiento social.
El primer paso siempre es la conversación. El abordaje suele comenzar con una evaluación sencilla y no invasiva. Los urólogos deben analizar los hábitos de cada paciente, sus síntomas y su historial de salud. Es fundamental romper el tabú: la incontinencia urinaria no es señal de debilidad, es un síntoma que merece atención profesional.
La buena noticia es que hoy existen múltiples tratamientos, adaptados a cada caso. En muchos escenarios, bastan cambios pequeños en la rutina: ejercicios de fortalecimiento del suelo pélvico, una hidratación equilibrada y evitar aguantar las ganas de orinar pueden marcar una diferencia significativa. Cuando se requiere, hay medicamentos y dispositivos que ayudan a controlar los síntomas, y en casos específicos, procedimientos mínimamente invasivos logran resultados duraderos.
La incontinencia urinaria se puede tratar, y los cambios se ven en el día a día: las mujeres recuperan su libertad, su confianza y su bienestar. El mensaje es: “No permita que el miedo o el pudor le impidan buscar ayuda”.





