“La confianza es lo más importante”, dice Alejandro Ramírez. “El mejor cocinero no es el que hace la salsa más rica ni el que cocina más rápido. El mejor cocinero es el que tiene la confianza suficiente para arreglar un error cuando algo sale mal”.
Ramírez habla desde una cocina que lleva años construyendo en Cartagena. Es socio y cocinero principal de Rabo de Pez, Pascal, Bocata y Municipal, además de liderar Elemental Catering. Su cocina fresca gira alrededor del pescado, los mariscos y los productos locales, con una relación directa con pescadores artesanales del Caribe.
Frente a él está Miguel Berrío, uno de los cocineros jóvenes que ha crecido en ese equipo. La conversación entre los dos ocurre mientras el concurso S.Pellegrino Young Chef Academy Competition abre su nueva convocatoria internacional.
“La gente cree que uno deposita la confianza en los jóvenes” dice Ramírez. “Pero es al revés. Son ellos los que confían en uno”.
Miguel asiente. “Yo siempre he confiado en él. Lo veo como un ejemplo a seguir”. En la cocina esa relación se construye todos los días.
“Aquí lo primero que uno aprende es organización”, dice Miguel. “Limpieza, puntualidad, responsabilidad”. “Manejo de producto”, completa Ramírez.
La cocina como búsqueda

Cuando Miguel decidió presentarse al S.Pellegrino Young Chef Academy Competition en 2025, la primera pregunta no fue técnica.
“¿Qué tenemos a nuestro alrededor?”, recuerda Ramírez. Miraron productos, territorio, ingredientes capaces de contar algo de su cocina. El proceso fue el habitual: prueba, error, nuevas pruebas.
“Primero organizamos los sabores”, dice el chef. “Después pensamos cómo mostrar el plato”. Miguel lo recuerda como un momento en que las ideas empezaron a aparecer. “Ahí comenzamos a jugar”.
El plato terminó siendo una reinterpretación de un recuerdo: lengua de res con velouté de semillas de orejero, cebollas baby asadas, crumble de manzana y res, tartar de banano y una salsa de coco y ajo negro.
“Yo fui criado en el campo con mi abuela” dice. “Ella hacía lengua guisada los fines de semana”. Por eso el plato vuelve siempre a ese origen. “En mi pueblo todo se acompaña con banano”, explica. “Incluso las sopas”.
Aprender a explicar la cocina
El concurso exige algo más que cocinar. También hay que explicar el plato frente a jurados internacionales. “Siempre he sido nervioso para hablar·, dice Miguel.
Por eso el entrenamiento incluyó otra práctica. “Nos sentábamos por la noche y yo hacía de juez”, recuerda Ramírez. “Tenía que explicarme el plato una y otra vez”. Hasta que la historia salió con naturalidad.
Una oportunidad abierta
Ese tipo de historias son las que busca el S.Pellegrino Young Chef Academy Competition, cuya séptima edición recibirá postulaciones hasta el 9 de junio de 2026. Cocineros menores de 30 años pueden presentar un plato insignia que exprese su técnica, creatividad y una idea personal sobre la cocina.
Los seleccionados participarán en finales regionales en quince regiones del mundo y los ganadores avanzarán a la gran final internacional.
Ramírez lo resume en una frase: “Es una ventana al mundo”. Miguel sonríe; tal vez porque sabe que, en su caso, todo empezó mucho antes del concurso: en la cocina de su abuela, frente a un fogón de leña, donde una lengua guisada era suficiente para contar una historia.





