El pasado sábado, en el corazón de Provenza, en El Poblado, el tango dijo presente. En La Tanguería Parrilla & Tango se vivió una velada que difícilmente se repetirá con la misma intimidad y cercanía: la presentación en Medellín de Ariel Ardit, la voz más importante del tango contemporáneo en el mundo.
Desde Argentina llegó para una única fecha en Medellín, acompañado por el pianista Andrés Linetzky, su cómplice musical de más de 15 años. Y esa cercanía se sintió desde el primer acorde. Sobre el escenario hubo un diálogo profundo entre dos artistas que se entienden con la mirada.
La noche fue íntima, cercana, casi confidencial. El cantor interpretó 19 canciones que recorrieron el alma del tango: Niebla del Riachuelo, Flor de lino, Como dos extraños, Tinta roja, Viejo Buenos Aires, La luz de un fósforo, entre otras. Cada pieza fue un viaje emocional, con esa mezcla de nostalgia y elegancia que acaricia el alma con el tango.
“No es por compromiso. Para mí es especial, muy lindo volver a Medellín, una ciudad que representa tanto en mi carrera”, aseguró Ardit al encarar la parte del set list enfocada en las tonadas que hizo mundialmente famosas Carlos Gardel y que sonaron a la altura en los tangos Arrabal amargo y Cuesta abajo.

Sandro estuvo presente
También hubo espacio para la sorpresa. El público disfrutó de la primicia de escuchar Porque yo te amo, del inolvidable Sandro, incluida en su nuevo disco Sandro Así, un homenaje que será lanzado oficialmente la próxima semana y que ya se encuentra en plataformas digitales. Un guiño a la balada romántica argentina, de la que se apropió América Latina en los sesenta y lo setenta, interpretada con la potencia vocal y la sobriedad escénica que caracterizan a Ardit.
No fue solo música. Una joven y talentosa pareja de baile aportó la dimensión corporal del tango, recordándonos que esta tradición se canta, se toca… y se abraza. Y en el cierre, la escena se expandió con el acompañamiento de bandoneón, violín y contrabajo, sumando a David, Marco y Sofía para un final vibrante.
Otro de los momentos cumbre de la noche fue la sublime interpretación de Nada, el tango compuesto por Dames y Sanguinetti, en el que Ardit llevó a los asistentes a uno de los puntos más altos de la velada.
Un público de lujo
Entre los asistentes hubo personajes que hablan del peso cultural de la velada, entre otros, la maestra Teresita Gómez y el exdirector de la Orquesta Filarmónica de Medellín, Gonzalo Ospina, quien dirigió el proyecto Gardel Sinfónico en 2015, conmemorando los 80 años de la muerte de Carlos Gardel en el Aeropuerto Olaya Herrera. Este homenaje, creado por Ardit, tras la presentación en el Festival de Tango de Medellín, recorrió diversos escenarios en el mundo y fue nominado al Grammy Latino.
Y si de historia hablamos, vale recordar que Ariel Ardit fue ganador del Premio Konex de Platino como Mejor Cantante de Tango de la década 2005-2015, ha recibido el Premio Carlos Gardel como Mejor Álbum de Artista Masculino de Tango y ha sido nominado al Premio Grammy Latino en la categoría Mejor Álbum de Tango. Su trayectoria es prestigiosa, sólida y profundamente respetada. Su voz se ha escuchado en los escenarios más prestigiosos de Asia, Europa y América.

Uno de los momentos más simbólicos de la noche fue cuando Ardit cantó junto a Marcelo Tommasi, anfitrión de La Tanguería y cantante de alto reconocimiento en el mundo del tango, quien hace años decidió echar raíces en Medellín. Ese cruce de historias personales y musicales sintetiza lo que ocurrió en la noche de Provenza: Argentina y Colombia abrazadas en clave de dos por cuatro.
Lo que se vivió fue un encuentro cultural en pequeño formato, de esos que solo algunos tienen la fortuna de presenciar. En medio del movimiento vibrante en una noche sin luna del barrio El Poblado, el tango encontró su refugio y nos recordó que Medellín es escenario de alta cultura y capital mundial del verdadero folclore ciudadano: el tango. Para todos los asistentes fue un verdadero privilegio.





